Rótulo

PARÍS AL DÍA. EL DUELO DOYEN-EHRLICH

Si yo no estimara profundamente —en su calidad de sacamantecas de la Ciencia— al doctor Doyen, buena ocasión sería esta para ensañarme en su personalidad de sabio.

Le Journal publicó la noticia tan importante para la Humanidad, de que el profesor alemán Ehrlich había descubierto un remedio, el ‘606’, para curar, en los más de los casos, a ciertos enfermos. Desde luego, notaba el más lego que el informe contenía errores y equivocaciones, debido o a ignorancia del reporter o a la precipitación con que se hacen los trabajos periodísticos de información; pero el buen doctor Doyen se abalanzó a la primera columna de la primera plana de Le Matin, rival de Le Journal, para consignar, sin más, que

606—0

Luego la emprendió con el profesor Ehrlich por su ‘nota extraordinaria’ y su ‘opinión prematura’, y con el Dr. Koch, y con el Dr. Behring, y con ‘la patriotería científica de los sabios alemanes’, y terminó con un toquecito político contra los que dijeron que debía bajarse a tiros los aeroplanos franceses que pasaron la frontera. ¡Todo un sabio ocupándose, en un artículo científico, de una botaratada de un periodicucho alemán, que hizo una frase por hacer un reclamo!

He dicho que había terminado el doctor Doyen, y he dicho mal: el doctor terminó su estupendo análisis de un remedio que, según él, se titula ‘606’ ‘para excitar con su apariencia misteriosa la curiosidad pública’, aconsejando el tratamiento de la sífilis por su ‘Micolisina’, cuyas dos primeras sílabas escaman a cualquiera.

Así las cosas, y cuando los más de los lectores juzgaban que el ‘606’ era una camama y el profesor Ehrlich un impostor, el citado Le Matin, cumpliendo deberes de información y de justicia, ha tenido que afirmar la verdad del descubrimiento del sabio alemán, ‘reconocida —dice aquel diario— por sabios de Berlín. Petersburgo, Moscou, Bucarest, Roma, Melbourne, Tokio, Chicago, Lyon, y por el Dr. Thomas, del Instituto Pasteur, de París’.

El profesor alemán, después de explicar las condiciones de su suero —servido gratis a quien lo pide—, que llamó ‘606’ porque le precedieron, sin éxito, 605 fórmulas, combinadas por él en veinticinco años de trabajo, se extraña de que el doctor Doyen ‘prefiere inspirarse en el error de un periodista a enterarse de las múltiples publicaciones científicas que han tratado del remedio’.

—Por lo demás— añadió—, yo he observado algo así como una paridad internacional, no haciendo distinción entre franceses, alemanes, rusos o americanos, a todos los cuales he entregado gratuitamente mi remedio.

Ahora sólo falta —para colmo de parisinismo— que el Dr. Doyen le mande los padrinos al profesor Ehrlich, proponiéndole, para zanjar la desavenencia científica, un duelito, con puntazo, cinematógrafo y 606 bombos en los periódicos.

Luis Bonafoux
Heraldo de Madrid. Miércoles 24 de Agosto de 1910, p. 1.

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