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TEMA DEL DÍA. LA MEDICACIÓN '606'

El maravilloso descubrimiento de Ehrlich preocupa tan hondamente a la opinción, que no sólo en las revistas profesionales, sino en los diarios políticos de gran circulación aparecen todos los días columnas enteras dando cuenta del resultado de las experiencias.

Realmente, se trata de un gran progreso científico, llamado a producir una gran revolución en la ciencia de curar. Todo cuanto se diga es poco.

Yo ya me ocupé de él semanas pasadas, reflejando opiniones que oí en las clínicas de Suiza y en algunas de Lyon y Burdeos.

Ahora continuaré mi labor de divulgación, estudiando con algo más de detalle el nuevo método terapéutico, haciendo un poco de su historia y dando a conocer de paso los resultados curativos que se observan aquí en París, donde se aplica desde hace tiempo y donde trato de adquirir unas ampollas del tan preciado remedio.

El '606' es un arsenobenzol, cuyo descrubrimiento se debe a una larga serie de estudios complicados de terapéutica experimental, realizados en el laboratorio de Francfort.

Al lado de la 'inmunoterapia', que busca la curación de las enfermedades por sus mismos agentes patógenos, se elabora una ciencia que pudiera llamarse nueva, y que progresa a pasos de gigante; refiérome a la 'quimioterapia'. Ella tiende a aniquilar los gérmenes morbosos por la acción de substancias químicas de estructura relativamente simple, bien destruyéndoles o bien dificultando su multiplicación. . Este problema, que parece sencillo a primera vista, reúne un enorme número de dificultades; hace falta encontrar un cuerpo que se fije sobre el parásito y le mate sin dificultar el funcionamiento de la economía ni ejercer ninguna acción tóxica sobre el organismo.

En las enfermedades debidas a protozoarios (tripanosomas, espirilos y espiroquetos), las experiencias siempre han sido orientadas desde el principio al lado de los compuestos arsenicales, y así antes del célebre '606' se da el caso de contar en la terapéutica, gracias a este desarrollo gradual y sistemáticos de los derivados del arsénico, cuerpos como el atoxil, la arsacetina y la hectina.

Ehrlich concibió el '606' tratando una enfermedad tripanosomiásica a los burros y a los caballos, mediante unas inyecciones que él llamaba '418'. Le ayudó lueo muy eficazmente en sus estudios Bertheim y Hata, médico japonés este último y ayudante que fue de Kitasato. También colaboraron con fortuna en su obra, realizando los trabajos de experimentación, Herxheimer, director del Hospital central de Frankfort; Wechselmann, Michaelis y Blaschko.

El '606', preocupación de médicos y profanos, es un polvo amarillo claro que se conserva en ampollitas cerradas a la lámpara en dosis de 30, 40 y hasta 70 centigramos que son las más empleadas.

Antes de inyectarse el organismo requiere una larga y delicada serie de operaciones. Cada experimentador tiene su técnica. La que yo he visto emplear es la siguiente:

Se echa la cantidad prefijada de la sal en un mortero esterilizado y con una pipeta graduada se le añade una solución de lejía de sosa al 20 por 100, diluyendo luego ambos cuerpos lo mejor posible. A continuación se les adiciona un centímetro cúbico de agua esterilizada y cuatro o seis de suero de Hayem, neutralizando en seguida con escrupulosidad el preparado.

Todo esto requiere una gran paciencia, y en que esté el líquido inyectable más o menos ácido o alcalino depende de que experimenten los enfermos más o menos dolor.

El reactivo de prueba puede ser una sola gota de fenolftaleína  vertida sobre el preparado o simplemente el papel de tornasol. Si resulta muy alcalino el '606', entonces toma color rojo y hay que añadir más gotas de ácido acético glacial, y si está muy ácido precisa echar un poco más de lejía de sosa.

Las inyecciones pueden ser intravenosas y subcutáneas; en las primeras la sal se diluye los menos en 200 centímetros cúbicos de líquido, por evita embolias. Más empleadas son las segundas, siendo el sitio de elección la región glútea o la escapular.

Yo he visto poner algunas a mi querido amigo el doctor Sanglier, afamado especialista, colaborador de Julien en la obra 'El temible mal' que tanto éxito alcanzó en España el invierno pasado.

Poco tiempo después de la inyección, el enfermo siente, en el sitio del pinchazo, una sensación de quemadura y malestar, menor, desde luego, que la que producen los calomelanos; hay un poco de fiebre, apenas nada, excepto en las intravenosas, en que la temperatura sube a 38, 39 y hasta 40 grados.

Aquí, en París, por prudencia, se tiene a los enfermos cinco o seis días en cama. Cítase el caso curioso de que la mujer tolera peor las inyecciones que el hombre.

No es un medicamento inofensivo que puede administrarse impunemente a todo el mundo, como se ha llegado a decir; todo lo contrario, reuqiere una dosificación escrupulosa y un estado general bastante bueno del sujeto que se someta al tratamiento.

Como prueba elocuente de sus grandes contraindicaciones, copiaré párrafos de una carta que el propio Ehrlich dirigió el otro día a 'Le Journal'.

…"Hace falta, en efecto, much prudencia y una precaución extraordinaria para aplicar de una manera reacional, el '606'. Todos los enfermos atacados de enfermedades cerebrales, arteriosclerosis o lesiones cardíacas, no se deben someter de ningún modo a mi nuevo método; en ellos está absolutamente contraindicado".

"Además debo decir que el tratamiento por el '606' no lo hemos fijado todavía, completamente. Aún tenemos que proseguir las experiencias..."

Los esultados observados por esta terapéutica magna esterilizante, como le ha dado en llamar, ealmente son soberbios, maravillosos. Hay algunos casos que a mí me han asombrado, sobre todo por la rapidez de las curaciones. Una sola inyección ha sido suficiente. El efecto resolutivo del arsenobenzol parece, pues, desde luego más manifiesto y más rápido que los del mercurio y del yoduro potásico.

Puede considerarse como una gran conquista para la ciencia el descubrimiento del profesor Ehrlich; llena de indicaciones preciosas en los primeros periodos de la avriosis, y, por lo tanto, disminuirá la contagiosidad de este mal, tan extendido por la tierra. Ahora, que, como dije el otro día, no hay que entusiasmarse, exagerando la nota. Una cosa es que el '606' sea un colaborador insustituible del mercurio, como yo creo, y otra cosa el que haya suplantado con ventajas, bastando una sola inyección de ese arsenobenzol para la esterilización completa del organismo, para la destrucción de todos los espirochetos; en una palabra, para la curación ideal del padecimiento.

El día de mañana, probablemente sí, eso será; se ideará tal vez un '610' o un '659'; pero hoy por hoy tenemos sólo que incluirle como indispensable remedio en el tratamiento intensivo abortivo del mal que nos ocupa.

Así, pues, a todo avariósico en primer periodo se le debe inyectar en seguida de primera intención el '606'. Seguir luego el tratamiento por mercurio, y a la tercera o cuarta semana, volver a poner otra nueva inyeción del suero de Ehrlich.

El doctor Sanglier me enseñó dos casos curioso de recidiva, y se mencionan un 5 por 100 entre todos los conocidos, probablemente atribuidos a pequeñas dosis empleadas. Además, los resultados obtenidos con transformación de reacción positiva de Wassermann (que no es tampoco muy patonegmónica) respecto a este '606', son muy discordantes. Schreiber cita un 90 por 100 de casos; Gerome, un 60; Wechslemann, un 100 por 100, y Neisser y Kuznitzky, sólo un 44 por 100.
¿Durará mucho tiempo en el organismo esta reacción negativa? No se puede precisar. Tampoco en la mayoría de sitios se llevan estos estudios como debieran. Aquí en París, por ejemplo, noté en el Hospital Cochin, uno de los que vi días pasados, que enfermos sometidos a este tratamiento, a los ocho o diez días de creerles curados, se les envía a sus casas. ¿No os parece esto obrrar con demasiada precipitación?

Un Congreso médico se celebró anteayer, precisamente en Koenigsberg, donde el profesor Ehrlich Ehrlich dio cuenta de su transcendental descubrimiento, oyendo una ovación calurosísima.

Neisser tomó la palabra, y aconsejó muy cuerdamente aplicar el '606', combinado con las preparaciones mercuriales, no sin antes elogiar como se merece el nuevo y maravilloso medicamento de acción tan rápida y decisiva.

Desde luego constituye, vuelvo a repetir, un progreso colosal de la Medicina, que dentro de un mes, probablemente, ya estará generalizado en el comercio.

Las ampollas las prepara una casa de productos químicos de Hoechst, a quien Ehrlich cedió la patente de explotación.

El sabio no deja de recibir diariamente centenares de cartas de todos los países, pidiéndole el ambicionado suero; pero a ninguna oferta puede comlacer. Las materias químicas que entran en su composición se han agotado, y ahora se ve hasta en la imposibilidad de facilitarlas hasta a sus mismos auxiliares.

Doctor Eduardo G. Gereda. París, 23 de septiembre de 1910.
La Correspondencia de España, Lunes 26 de septiembre de 1910, p. 1

Proyecto de investigación "La imagen de la medicina a través de la prensa diaria' El Imparcial' y 'Las provincias' (1898-1930) (HAR2008-04023) historiadelamedicina.org