Rótulo

LOS RESULTADOS DEL '606'

Quien recuerde las fotografías que días pasados publicaban los periódicos, en que buen golpe de médicos aparecen estrujándose en su afán de no perder detalle de las maniobras del Dr. Bandelac, se figurará seguramente a nuestras clínicas convertidas hoy en jubileo de curiosos doctores que husmean, palpan, fisgan y desmenuzan hasta el mismínimo detalle observable en los enfermos inyectados, ganosos de apercibirse, sin que nadie se lo venga a contar, de las ventajas o desméritos del nuevo y ya felicísimo remedio.

Aunque parezca mentira, nada de esto sucede. En las clínicas no hacen las observaciones ni siguen el curso de los enfermos más que «los de la casa» y algún que otro curiosos abnegado, y hasta a las aplicaciones de la inyección a nuevos enfermos ya no va nadie ahora que han dejado do acudir a presenciarlas ministros y fotógrafos, Pero, eso sí, en la calle, en los Casinos, en los cafés, se encuentra uno a todas horas una porción de señores que proclaman 'coram populo' la ineficacia absoluta del nuevo remedio, pues ellos dicen estar en el secreto de que los casos aquí tratados sólo han sido una serie de fracasos patentes. ¿De qué lo sabrán?, nos preguntamos los que no los hemos visto aparecer por los hospitales y sabemos además que en los periódicos nada se ha dicho que pueda apoyar sus paladinas afirmaciones.

Los que no hemos podido salir extranjis para enterarnos de las maravillas del nuevo remedio y hemos tenido la debilidad de prestarnos para sacar todo el jugo posible del espléndido regalo que se nos hacía trayéndonos el 606 a nuestra propia casa, estamos, pues, en la obligación de hacer saber a tirios y troyanos lo que hemos observado día por día en los enfermos beneficiados de la inyección. Y lo que todos hemos visto y estamos conformes en apreciar, lo que resalta escuetamente de cada caso, es lo siguiente:

La primera aplicación hecha en España, el sargento que se inyectó el 22 en Carabanchel está hoy a punto de ser dado de alta, pues han desaparecido todas las manifestaciones que presentaba: el chancro, la tumultuosa adenitis y las manifestaciones cutáneas. En el inyectado el 24 se observó al día siguiente un cambio de aspecto en la úlcera chancrosa, que se hizo blanda y supurativa. Hoy no se ha curado aún esta lesión, aunque lleva camino de ello.

El 27 se inyectó uno con placas mucosas en los labios y manifestaciones cutáneas discretas. A los cinco días desaparecieron las placas, y actualmente están casi curadas las pápulas cutáneas. El mismo día se inyecto a otro que acababa de entrar con manifestaciones primarias y cutáneas muy características. La úlcera originaria se cubrió al día siguiente con una costra seca del mejor aspecto y perdió su induración; las lesiones de piel no se han influenciado mucho. El 29 se hace la aplicación a un caso que, además de los infartos característicos, tenía numerosas placas en las amígdalas, placas que se modifican profundamente desde el segundo día y están hoy en vías de cicatrización.

En San Juan de Dios se hizo la primera aplicación el 25, como se recordará; el enfermo tenía, además del chancro y una enorme adenitis, abierta el mismo día por el doctor Bombin, múltiples manifestaciones cutáneas poliformas y placas conjuntivales. Estas desaparecieron a las cuarenta y ocho horas, y dos días después estaban casi curadas las sifílides de la cara y tronco; la gran herida abierta en la ingle epidermiza francamente.

Al día siguiente se inyectó primero á uno con chancro, infartos, una angina sifilítica doble y placas numerosas en las márgenes del ano. Al día siguiente deja de notar el enfermo las molestias de la angina, y hoy está casi curada objetivamente; en cambio, las demás lesiones se han modificado poco. El otro caso, infección muy antigua, presentaba actualmente unas gomas ulceradas de los pilares y velo del paladar, y aquejaba fuertes dolores óseos. Al día siguiente se desprenden las porciones condenadas a morir en las gomas de la garganta y queda en su lugar una superficie limpia, que cicatriza rápidamente; los dolores desaparecen también a las veinticuatro horas.

Finalmente, el 29 se inyectaron otros dos; el uno presentaba una enorme úlcera fragedénica a consecuencia del infarto inguinal; no sólo se atenuó éste poco después de la inyección, sino que cicatriza rápidamente el fondo de la úlcera. El otro caso era una mujer que presentaba una serie de gomas dérmicas en el cuero cabelludo y una extensa infiltración gomosa en el antebrazo, que aparecía en forma de horrible úlcera sarnosa, profundizando hasta el hueso. La pobre enferma estaba, como se comprenderá, en un estado lastimoso.

A las veinticuatro horas de la inyección se enrojecen, dejan de supurar y se desecan las gomas de la cabeza, de tal manera, que hoy están completamente curadas. La úlcera del brazo cicatriza también desde el primer momento de un modo sorprendente, extraordinario.

Este caso interesantísimo ha sido la admiración de cuantos lo han visto. Casi todos los enfermos han tenido fiebre; pero sin adquirir ésta el carácter de fenómeno constante, pues en una mitad de los casos no ha pasado de 38 grados. Los dolores tampoco han sido constantes, pues sólo en dos enfermos de Carabanchel fueron muy intensos.

Salta a la vista que los enfermos de San Juan de Dios son los que han experimentado mejorías más brillantes, más frappants. Débese esto a que en los militares no pueden presentarse más que casos de infección moderada, comenzante, falta de carácter; no hay que dudar que en el Ejército se desechan a los soldados sifilíticos en cuanto tienen manifestaciones óseas, viscerales o cutáneas graves. En cambio en la clínica civil los enfermos que han abandonado su infección o ésta se ha implantado en malísimo terreno presentan ricos tipos de lesiones profundas, extensas y características. Y éste es el estado de los enfermos inyectados hasta hoy; a estas aplicaciones sucederán otras—Bandelac sea loado por su munificiencia—, y con estos enfermos y con los que vengan podremos juntar un importante caudal de observaciones, suficiente para sentar aseveraciones que hoy, que nos faltan los datos confirmativos del laboratorio, no nos atreveríamos a formular los que seguimos el estudio al pie del enfermo. Mientras tanto, dirán lo que quieran y opinen como gusten los pseudodivulgadores científicos; pero aténgase a la ruda claridad de los hechos y tomen taza y media de realidades clínicas. Y convengamos, por fin, en que no se prestan las verdades de observación para ser llevadas al café, ni podrá confundirse nunca el afán de saber con la lucha por el objetivo fotográfico.

Dr. B. [¿Bombín?]

Heraldo de Madrid, Martes 4 de octubre de 1910, p. 2

Proyecto de investigación "La imagen de la medicina a través de la prensa diaria' El Imparcial' y 'Las provincias' (1898-1930) (HAR2008-04023) historiadelamedicina.org