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ACTUALIDADES MÉDICAS. EN TORNO DEL '606'. EHRLICH Y SU REMEDIO

Desde tiempo inmemorial, son cuatro los medicamentos que se disputan la supremacía en el tratamiento de la avariosis, reclamando para sí la condición de agente específico: el mercurio, el yodo, el azufre y el arsénico.

Los cuatro cuentan éxitos enormes y fracasos inmensos, y cada uno de ellos os dirá que tal o cual caso, en el que se habrán aplicado sin eficacia los otros tres remedios, curó radicalmente y en poco tiempo bajo su acción.

Y se da la circunstancia curiosa de que precisamente aquel cuenta con mayores victorias es al que se atribuyen las mayores derrotas. Tal el mercurio.

Esto se explica, porque siendo el mejor de todos los remedios, es el primero que se emplea, y si bien cura la inmensa mayoría de los casos, se estrella a aveces contra las rebeldías del agente luético que, veleidosa comoVenus de donde procede, se niega al Mercurio, a pesar de ser el dios del dinero, y se entrega al Azufre, que es de origen diabólico, o al Yodo, que es el metal de menos precio, o al Arsénico, cuyo abolengo tóxico tiene su gloria macabra en el veneno de los Borgia o en Agua de sucesión de tiempo de los Médicis.

Sin embargo, forzoso es reconocer que de algún tiempo a esta parte el arsénico está de moda y que la infinidad de preparados mercuriales, la lista enorme de compuestos yódicos y los malabarismos radiactivos con que se juega en los manantiales sulfurosos, encaminados todos ellos a poner en aquellos cuerpos, merced al alotropismo de su estructura, cierta intelectualidad misteriosa, en virtud de la cual mercurio, yoyo y azufre atacan sólo a la célula mula (parásito), sin tocar para nada, como no sea para fortalecerla todavía más, a la célula buena (organismo humano), están actualmente en segundo término, en relación con los modernos compuestos arsenicales.

El toque está en administrar la cantidad enorme de arsénico que se necesita para mutar la avariosis, sin mutar al avariósico.

Si se pudieran dar sesenta centigramos de arsénico sin envenenar al indivíduo, la avariosis se curaría, y no sólo la avariosis, sino otra multitud de enfermedades, tales como la enfermedad del sueño, el tifus exantemático, el baile de San Vito, la tuberculosis, el cáncer, la lepra, la pelagra y todas, en fin, las de reputado origen infeccioso.

Pero a esa dosis, y aun a mucha menos, el arsénico envenena y mata, como puede atestiguarlo la enamorada señorita del célebre tenor muerto recientemente en París y la multitud de gentes que en todo el mundo sucumben a diario bajo la etiqueta de cólicos o de enteritis y, en realidad, muertos criminalmente por el arsénico con rapidez de cólera o con lentitud de tuberculosis intestinal.

¡Porque no duden ustedes de que ahora, como en tiempo de los Borgia, el oropimente hace lo suyo entre matrimonios adúlteros, familias mal avenidas y gentes que tienen que testar!

En la medicina clásica el arsénico no se daba más que a dosis miligramáticas. Así: los gránulos de Dioscórides, el licor de Fowler, el licor de Pearson, la solución Renon, licor de Boudin y las aguas arsenicales, como la Bourbule y nuestro Cardó, y, ¡claro está, con esas dosis, no se iba a ninguna parte!

Los químicos y los médicos se dieron a buscar fórmulas para encontrar un arsénico que, sin dejar de ser arsénico, pudiera darse a dosis, al parecer tóxicas, y en realidad, terapéuticas; es decir, cantidades de veneno con acciones de remedio, y, al finalizar el siglo pasado, en 1899, Danlos y Gautier dieron por vez primera a los enfermos un cuerpo cuyos antecedentes químicos hay que buscarlos en el Laboratorio de Bunssen, en 1843, y aun en la cocina de Cadet de Cassicourt, en 1760, el cual descubrió el ácido CACOLITICO, cuya palabra, en buen griego, quiere decir cosa mala y desagradable.

De este ácido cacolídico se derivan los célebres cacodilatos, sobre todo el cacodilato de sosa, que, en lo que va de siglo, viene inyectándose a toneladas bajo la piel y entre las carnes de los débiles, debilitados, neurasténicos, tuberculosis, palúdicos y convalescientes de todo el mundo, y de esta suerte el arsénico que se administraba a la dosis de uno a cinco milígramos, se administra a dosis diez a cien veces mayor, de uno a diez centígramos.

Posteriormente el cacodilato de sosa, y siempre buscando la manera de evitar peligros y facilitar la administración de mayores dosis, se han descubierto y aplicado el Arrhenul, el Atoxyl, la Arsacetina, el Soamin, la Hectina y el Spirosil.

Uno de estos sabios dedicados a la tarea de buscar el compuesto de arsénico ideal que mate las enfermedades, sin matar a los enfermos y por consiguiente librándolos de aquéllas, es decir, curándolas, es Ehrlich, el cual, después de 605 experiencias, mediante las cuales ha obtenido y ensayado un sinnúmero de productos arsénicos, ha descubierto en la experiencia 606 un cuerpo que le satisface por completo y al que ha dado aquel nombre numérico cuya repetición incesante atruena el espacio.

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¿Quién es Ehrlich? ¿Cuál es su remedio?

Ehrlich es un profesor ilustre, director del Instituto de Terapéutica de Francfort, cuyos primeros trabajos resonantes fueron con ocasión del descubrimiento de su famosa reaccióndiazóica de las orinas en los tifoideos, tuberculosos y otras enfermades, entre ellas la triquinosis, donde nosotros la describimos por vez primera hace algunos años.

Ehrlich es, ante todo, un químico recalcitrante, que así como la mayoría de los biólogos intentan explicar los fenómenos más sencillos de la afinidad por miesteriosas funciones vivas, él interpreta las más complicadas manifestaciones de los seres vivos por simples fenómenos de la más rudimentaria afinidad y de este modo facilita la interpretación de las cosas, al parecer más obstrusas y misteriosas de las enfermedad.

Esta concepción química de la vida tiene su precedente en el pensamiento genial de nuestro insigne Letamendi, cuando decía: "Dos seres vivos son unos radicales compuestos de dinamicidad constante y átomos mudables, y esta especial condición constituye el mecanismo de la vida, y la característica diferencia entre la química general y la química especial de los seres vivos".

De esta suerte, estimando la célula como molécula orgánica, estudia en ella el núcleo central de átomos con sus afinidades o cadenas laterales que constituyen sus apetencias respectivas, admite que, la asimilación y desasimilación de la función nutritiva se reducen a movimientos de integración y reintegración de la materia nutricia de la célula y como postulado de este hecho, los fenómenos reaccionales que constituyen la enfermedad y sus consecuencias buenas o malas quedan reducidas a estas integraciones químicas, todo lo complicadas que se quieran en su desarrollo, pero sumamente sencillas en su fundamento y origen.

Este es Ehrlich; un hombre enamorado de la química, que busca en los fenómenos de la afinidad la explicación de los hechos favorables o adversos en la lucha por la vida que es la vida misma y pretende, modificando esta afinidad, influir de un modo decidivo a favor del organismo y en contra de las células morbosas y de las moléculas tóxicas que de ellas se derivan.

Para conseguir esto no sigue la huella de los modernos homeópatas, que con la teoría de los fermentos y de los coloides buscan mayores efectos con las menores causas, sino que, guiado por su concepción robusta y viril, influye en los organismos con cantidades enormes que él sabe hacer tolerables para los enfermos e intolerables para los agentes de las enfermedades.

Ehrlcih es el fundador de la verdadera doctrina para la administración científica de los sueros, creando las unidades inmunizantes. Ehrlich es el que denominó a la sueroterapia inmunización pasiva. Ehrlich es el descubridor de la antiabrina o contraveneno del jequerity.

Ehrlich es quien descubrió la acción abortiva y curadora sobre los catarros de la nariz y de la garganta tiene la corifina.

Ehrlich fue el primero que llamó la atención sobre la coloración verdosa que la ?, tomada al interior, produce en los ojos.

Ehrlich es, sobre todo, desde el punto de vista práctico, el domesticador del arsénico, que ha sabido convertir el rejalgar en el '606', el veneno en remedio, la enfermedad en salud, la muerte en vida.

El '606' es un derivado del Atoxil.

El Atoxil es condierado como el anilido del ácido meta-arsénico, que aunque fue obtenido por Bechamp el año 1863 calentando el arséniato de anilina, no fue aplicado a la clínica hasta el año 1902, por Mendel, en la tuberculosis pulmonar, adquiriendo su verdadera importancia terapéutica con los trabajos de Sigel en 1904, el cual dijo que era un gran remedio, aplicado en inyecciones intravenosas, contra las enfermedades de la sangre. Con este antecedente, Todd y Campenen emplean con éxito el atoxil en la enfermedad del sueño el año 1906, y en el mismo año Roberto Koch declara que el atoxil, inyectado a dosis de 0,5 gramos, es tan específico contra la tripanosomiasis como la quinina para el paludismo. Desde el año 1907 comienza a emplearse el atoxil contra la sífilis por Melchior, Curschiman y muchos más.

Mientras tanto, Ehrlich, que desde el principio consideró el atoxil, no como un anilido meta-arsénico, en el cual el arsénico aparece fijado por el agrupamiento amidógeno, sino como un meta-arséico benzoico, en el cual el arsénico está fijado sobre el núcleo benzoico, trabaja en su laboratorio de Francfort, con la ayuda de Bernheim y Hata y con el antecedente e los trabajos de los doctores Ader, los cuales aconsejaban calentar otros ácidos arsenicales de núcleo aromático diferentes del primitivo arseniato de anilina de Bechamp, procedieron a trabajar sobre los arseniatos de ortholabnidina y de a. naftilamina por medio del calor, obteniendo el ácido aminonaftilarsínico y otros muchos, sobre los cuales multitud de reactivos, entre los que se descuellan el permanganato potásico y el agua hirviente, actúan, dando origen a diferentes compuestos atoxílicos, entre ellos el atoxil acetilizado, que Ehrlich bautizó con el nombre de arsacetina hace tres años, y cuyo nombre químico es el de acetarsenilato de sodio.

Dos años después, el 1909, y siguiendo sus manipulaciones, descubre un nuevo atoxil, que llamó espirarsil o arsenofenil-licina, que viene a ser el '606', de este  nuevo y flamante atoxil recientemente descubierto, llamado dioxidiamido arsenobenzol por su naturaleza, bautizado con el nombre de Hata, por su descubridor, y conocido mundialmente por el '606', y del cual parece Ehrlich completamente satisfecho.

Se trata de un polvo de color amarillento, blanquecino o pajizo, que se presenta en tubos pequeños, análogos a los tubos de ensayo, una de cuyas extremidades es redondeada y la otra cónica, cerrada a la lámpara. Cada tubo contiene la cantidad necesaria para la aplicación, que va marcada en el mismo; como la dosis a emplear puede variar con el caso y la opinión del médico, hay tubos de 30, 40, 60 y 80 centigramos de medicamento.

Todo el contenido del tubo debe disolverse en el momento en que va a emplearse, como ocurre con el soamin, y como no hay posibilidad de esterilizarlo, una vez hecha deben tomarse las mayores precauciones de asepsia para su preparación, empleando substancias y utensilios completamente esterilizados.

Esta preparación puede hacerse según diferentes procedimientos, que se llaman de Herxheimer, Blaschko, Michaëlis, Lesser, Ehrlich, Alt, Wechselman y Lange, y nuevo de Ehrlich.

A. procedimiento de Hexheimer.- La dosis de Hata o '606' empleada es de 50 centigramos. Se trutura cuidadosamente el polvo en un mortero y se añade un tercio de centímetros cíbicos de una solución de sosa cáustica al 20 por 100; continuando la trituración se agregan por pequeñas porciones 10 centímetros cúbicos de agua esterilizada y se inyecta inmediatamente para evitar la formación de grumos.

B. Procedimiento de Balschko.- Se emplea una solución de sosa cáustica al 20 por cien de 1.225 de densidad, de la cual se añaden 0,07 gramos por decigramo de polvo tratado. El polvo se tritura lenta y largamente en un mortero, con la solución indicada y después se agregan hasta 4 centímetros cúbicos de agua hervida muy caliente. Cuando la solución modifica el papel de la fenolftaleína, sin alterar el de tornasol (en cuyo caso la alcalinidad es la debida) se vierte la mezcla en un tubo de ensayo y se limpia el mortero con dos centímetros cúbicos más de agua, que se agregan al líquido primero.

C. Procedimiento de Michaëlis.- En una probeta de 50 centímetros cúbicos se ponen uno o dos de alcohol etílico y en él se embebe el polvo. Se añaden 15 o 20 cetímetros cúbicos de agua destilada muy caliente y se agita el todo sin cesar. Cuando la solución es perfecta, se agrega un centímetro cúbico de solución normal de sosa cáustica (a 40 gramos por 1.000 centímetros cúbicos) por decígramo de polvo tratado: se forma entonces un precipitado que se disuelve por agitación y se inyecta en seguida.

D. procedimiento de Lesser.- Es el mismo que el anterior, con la diferencia de que este autor no utiliza alcohol.

Método primitivo de Ehrlich.- Se moja el '606' con methylalcol o glicol, añadiendo 10 centímetros cúbicos de agua destilada, obteniéndose de este modo una solución clara muy ácida, a la cual se adiciona al principio de dos a tres centímetros cúbicos de lejía de sosa normal al 1 por 100.

Método de Alt.- Creyendo este autor que los desagradables fenómenos que suelen presentarse después de la inyección del '606' son debidos al methylalcol en que se disuelve, procede del modo siguiente: Toma una probeta de 50 centímetros cúbicos y vierte la dosis de 30 centígramos con 10 centímetros cúbicos de agua destilada, agitando fuertemente y añadiendo en seguida la cantidad necesaria de lejía decinormal de sosa para disolver y que viene a oscilar entre 20 y 23 centímetros cúbicos. En seguida se adiciona agua esterilizada hasta componer un total de 20 centímetros cúbicos y se suma todavía un anestésico local estéril.

Método de Wechselman y Lange.- Se toma '606' y se tritura en un mortero, disolviéndole luego en uno o dos centímetros cúbicos de lejía de sosa comercial; adicionando, gota a gota, ácido acético se obtiene un finísimo y limoso precipitado amarillo, que se diluye en uno o dos centímetros cúbicos de agua destilada y estéril y que se neutraliza en seguida a presencia del tornasol, por medio de la lejía decinormal de sosa y de la soculión acética a 10 por 100, según la primitiva reacción.

Nuevo procedimiento de Ehrlich.- Se mezclan 30 centígramos de '606' en un poco de methylalcol, y finamente triturado por medio de una varilla de vidrio, se disuelve añadiendo 25 a 35 centímetros cúbicos de agua destilada, y se adiciona 5,5 centímetros cúbicos de una solución decinormal de sosa. El enturbiamiento que de este modo se produce desaparece agitando con la varilla de cristal y se obtiene una solución completamente transparente.

Toda esta maniobra es cuestión de diez minutos.

Cuando se prefiere la inyección intravenosa se trituran 0,3 de '606' con 0,3 de methylalcol o de glicol, obteniéndose de este modo la solución A.

Luego se mezclan 240 centímetros cúbicos de solución fisiológica de cloruro de sodio con 10 y 3 centímetros cúbicos de sosa y se obtiene la solución B.

Agitando con cuidado se vierte la solución A en la solución B y... [ilegble].

Siguiendo cualquiera de estos procedimientos, la inyección se hace intramuscular o intravenosa.

La inyección intramuscular se hace en los músculos de las nalgas como las de aceite gris y las que yo practico para la tuberculosis con suero de Cuguillere, o tuberculina o Y.K. de Sprengler. Deben inyectarse de 30 a 40 centímetros cúbicos de líquido, la mitad en ujna lado y la otra mitad en otro con todos los rigores de asepsia.

La inyección intravenosa se practica en la flexura del brazo. Estas inyecciones no van acompañadas de irritación local.

Las intramusculares son sumamente dolorosa y hasta paralizantes de los movimientos.  Para evitar estos fenómenos irritativos se aconseja aplicar sobre los sitios de la inyección compresas de arcilla con vinagre y una ligera vejiga de hielo y se recomienda a los enfermos permanecer acostados sobre el vientre durante algunas horas.

A pesar de estas precauciones, la reacción local intensa, llegando en ocasiones a producir escaras; la reacción general es también importante, despertando fiebre que puede pasar de 39 grados, sudores abundantes, sed, malestar general y hasta se citan casos de ceguera y aun de muerte después de aquellas inyecciones.  En cambio lo que yo llamo reacción focal, cuando se trata de las inyecciones de tuberculina, aquí no se presenta, y en lugar de la agudización pasajera de las lesiones, éstas parece que desaparecen como por ensalmo, y al mismo tiempo que las manifestaciones externas desaparecen, la sangre se llena de cadáveres de espiroquetos y la reacción de Wassermann no vuelve a aparecer.

Pero aun admitiendo todo esto, ¿se puede asegurar que el '606' en una sola inyección, ni en dos, ni en tres, cura la avariosis?

No, porque esto ocurre espontáneamente en muchos casos de avariosis, al parecer curada sin mediación alguna, y en muchísimos casos más, bajo la acción de una o más inyecciones de aceite gris o de calomelanos, de una buena dosis de yoduro o de una temporada en Archena, y, sin embargo, al cabo de más o menos tiempo, la avariosis vuelve a sacar cabeza en la piel o en las mucosas, en huesos o en vísceras, y hasta veinticinco años después de dar de dar de alta como completamente curado a un avariósico, he visto en mi despacho enfermos de tabes dorsal y de parálisis general progresiva, de origen francamente luético.

La única prueba de que un avariósico de ayer no lo está hoy, es que entre hoy y el ayer hayan transcurrido por lo menos cinco años, y mejor diez, sin el menor accidente, a pesar de no haberse sometido a más medicación.

Aguardemos a que transcurran dos lustros, y si entodo este tiempo los inyectados con el '606' no han presentado novedad alguna, proclamaremos entonces, no ahora, la acción definitivamente curadora del remedio empleado diez años antes.

Hay que aguardar al 1920 para gritar parodiando la célebre frase: "La avariosis murió en 1910 ¡Viva el '606'!

Profesor Royo Villanova
La Correspondencia de España, Jueves 6 de octubre de 1910, p. 6.

Proyecto de investigación "La imagen de la medicina a través de la prensa diaria' El Imparcial' y 'Las provincias' (1898-1930) (HAR2008-04023) historiadelamedicina.org