Rótulo

VULGARIZACIÓN CIENTÍFICA. EL GRAN MÉRITO DE EHRLICH

Pablo Ehrlich. Su nombre corre de boca en boca por el mundo entero. La poderosa palanca de su genial talento ha conmovido honda y profundamente el edificio que durante largo tiempo se había erigido la terapéutica, rama importante de la Medicina; ved aquí su gran mérito.

Podrá triunfar el ya tan conocido dioxidiamido-arsenobenzol, o '606', en todo el rodar evolutivo de la avariosis, que es lo que se ansía. Podrá ser no más que un aceptable remedio contra esa temible infección, ya que no radicalmente triunfante. Estamos en pleno periodo de observaciones, y sólo el resultado definitivo y prolongado de una extensa casuística puede dar el fallo terminal.

Alt, Wechselmann, Herxheimer, son los que más adelantadas llevan las estadísticas. No vamos a entrar, por inoportuno en este lugar, en el estudio de cada una de las piezas del proceso. Al pueblo le interesa el fallo final.

Podrá ser, por lo que al '606' respecta, más o menos favorable; pero, aunque no respondiera en absoluto a las esperanzas que sobre él se han puesto, el mérito de Ehrlich que es inmenso, colosal, no desmerece un ápice, porque descansa, en mi sentir, en la ingeniosa teoría que trae revuelta a a terapéutica, y de la que el '606' es una sencilla derivación.

Con su teoría, Ehrlich nos marca el derrotero de una venturosa era. De ser cierta, como parece, muchas de las enfermedades infectivas desaparecerán para siempre. No sólo alegra el alma la idea de que hoy desaparezca la avariosis; la alegra más todavía la de que mañana pueda desaparecer la tuberculosis. Esto sólo ocasiona el escalofrío del entusiasmo.

El gran mérito de Ehrlich está, pues, en sus geniales concepciones, en su asombrosa teoría, que dista mucho de ser una mera hipótesis, pues nacida en la íntima y delicada trama de su fecundo cerebro, fue modelada en los tubos de ensayo y en los matraces de su laboratorio para hallar la más apetecida cúspide del organismo del avariósico.

Con la mayor sencillez posible voy a bosquejar la genial teoría. Sabido es que las enfermedades infectivas son obra de microbios, de esos microscópicos seres que por doquier nos acosan. En uno de mis anteriores artículos me ocupé de este asunto, y el haberlo hecho entonces me releva de hacerlo ahora.

Estos microbios que destruyen tienen también sus agentes destructores, sustancias químicas denominadas antisépticas o microbicidas. El número de esas sustancias forman legión. Legión forman también el número de enfermedades infectivas. ¡Qué sarcasmo! Son muchas las sustancias  antisépticas que destruyen los microbios, y, sin embargo, en pie se hallan las enfermedades infectivas.

En el laboratorio, 'in vitro' se ve con qué celeridad resulta el microbio destruido bajo la gota de la sustancia antiséptica que sobre él se deposita. Esto que pasa en el laboratorio, cuando el microbio reposa en el tubo de ensayo, 'debía pasar ' en el organismo 'in vivo' cuando descansa sobre nosotros.

Lo que sucede es que la sustancia que destruye el microbio respetando el vidrio del tubo de ensayo, no respeta igualmente la cálula del organismo, destruyendo a los dos. Precisaba a todo trance matar el microbio y respetar el organismo.

Ehrlich había observado que de las sustancias que se introducen en el organismo, unas tienen predilección por la célula y otras por los microbios, unas son organófilas y otras microbiófilas. Tan amantes son los microbios, según Ehrlich, de algunas sustancias venenosas, que llevan en su seno receptores especiales para atraer dichas sustancias.

Arrancado este secreto por el sabio alemán, se dedica a buscar aquellas composiciones químicas por las que los microbios tengan especial apetencia, a darles lo que piden, 'engañándolos'. Yo lo dirá gráficamente : a 'a hacerlo suicidas'. Sustancias por las que las células orgánicas no tengan la misma apetencia y 'no se suiciden'.

El '606' es la sustancia que 'hace suicida' al espirocheta de la avariosis. Dedíqunse nuestros esfuerzos a buscar las que lo hagan al de la tuberculosis, etc.

Vemos, pues, cómo el gran mérito del insigne Ehrlich está en su teoría, que nos marca un nuevo horizonte en el amplio de la terapéutica, teoría llamada a ocasionar en Medicina la más transcendental de las revoluciones.

Mariano P. Flórez Estrada
La Correspondencia de España, Miércoles 19 de octubre, p. 1

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