Rótulo

VULGARIZACIÓN CIENTÍFICA. EL GRAN MÉRITO DE EHRLICH

Consejo de Ehrlich.- En posesión del nuevo remedio.- Síntesis de mis observaciones

He permanecido diez y ocho días en Alemania porque, despues de visitar varias veces las clínicas del Hospital municipal, el doctor Ehrlich me aconsejó fuera a las de Sancti Spiritus y Bürgerhospital y a la particular del doctor Baer, en Frankfort, y a la del profesor Weintrans, en Wiesbaden, para que pudiera ver mayor número de enfermos tratados con el '606' y la aplicación de su preparado bajo todas las formas en que hoy se emplea: inyección intraveosa, intramuscular y subcutánea, y con todas las técnicas en uso.

Cumplí su consejo, y a fé que le estoy agradecido, porque he de confesar que he visto casos más interesantes en estos otros hospitales, y además porque en ellos, con una amabilidad extraordinaria, se me ha invitado a recorrer las clínicas y permitido interrogar a todos los enfermos en tratamiento; cosa bastante difícil en el Hopital municipal por la aglomeración de médicos.

Pero vamos por partes: en el Hospital de Sancti Spiritus, el doctor Shenk me enseñó bastantes enfermos en periodos distintos de la afección, y todos muy aliviados o curadas las manifestaciones que antes tenían.

Debo consignar que el más interesante fue un tabético, que a los cuatro días de haber recibido la inyección marchaba con bastante facilidad y le habían desaparecido los dolres, que antes eran insoportables.

Ya ha tratado varios tabéticos, y me dijo que no estando muy avanzada la enfermedad, ha visto efectos verdaderamente sorprendentes, y dobre todo que los dolores, que se aumentan durante los dos días siguientes al de la inyección, desaparecen al tercero o cuarto; efecto no despreciable.

Puso delante de mí una inyección intravenosa con la jeringa de Shreiber, de Magdeburg, que es quien mejor las practica, y después dos intramusculares.

En Bürgerhospital, el doctor Schol me enseñó también varios enfermos en tratamiento, y entre ellos uno que es verdaderamente notable, por haber contraído en el Congo la malaria y la enfermedad del sueño, además de padecer, sin saberlo, la que motivó la aplicación del '606', que en pocos días, según su propia confesión, le ha puesto como nuevo.

De este caso daré cuenta detallada en el lugar oportuno.

Me refirió observaciones personales muy interesantes, que no son a propósito para este lugar. Alguna de ellas confirma la opinión de que el '606' tiene verdaderas contraindicaciones.

El doctor Baer, que solamente tiene una clínica particular, me enseñó también algunos enfermos interesantes tratados por él, y puso ante mí una inyección intramuscular.

Debo consignar que es, de cuantos he visto, quien mejor pone las de esta clase.

Ha modificado algo la técnica, pero hace la emulsión mejor que todo, y practica la asepsia con el mismo rigor que si se tratara de una laparotomía. Hace bien, pues la asepsia es o no es: no admite grados. Así puede hasta creérsele cuando dice que no ha visto ninguna infiltración en las muchas inyecciones que lleva puestas.

Por último, en Wiesbaden vi al profesor Weintrand preparar una inyección intravenosa para un enfermo particular, y a su jefe de clínica preparar otra y ponerla a un enfermo del Hospital.

Emplean ambos una técnica distinta de la de Schreiber, pero muy aceptable y de buenos resultados.

El doctor Ehrlich me había encargado que después de mi visita a esas clínicas volviera a verle, y cuál no sería mi sorpresa cuando, me entregó un paquete que, rotulado a mi nombre, contiene varias cajas de las preciadas ampollas del '606'.

Agregó a esto su retrato firmado, y unos cuantos consejos, que no olvidaré, respecto al empleo de su preparado; esto es, a la técnica y a las contraindicaciones del '606'.

Excusado es decir cómo recibiría yo honor tan inmerecido.

Es indudable que Ehrlich ha logrado obtener un cuerpo que, a pesar de ser arsenical, es menos tóxico que el atoxil, por pertenecer a la clase de los parasitotropos; esto es, a esas sustancias químicas que tienen acción electiva, o afinidad, por los parásitoso gérmenes de las enfermedades, y van a ellos y los matan, y no a la de los organotropos, o sea, a aquellos que van con predilección a fijarse en los órganos o células de los tejidos.

Ahora bien: a pesar de su menor toxicidad, no es, sin embargo, del todo inocente, por aquello de 'quia nominor leo', y por consiguiente, es preciso manejarlo con gran cautela y discreción.

Los tiros, según frase propia de Ehrlich, van bien dirigidos con su nueva orientación científica, y mucho ha conseguido con su '606'; pero los casos, ya frecuentes, de recidiva demuestran que con esta fórmula no ha logrado todavía la esterilización de un solo golpe, y esto se explica fácilmente, porque el treponema o agente productor de la lúes no es parásito de la sangre, sino se limita a pasar por ella para ir a fijarse en órganos muy recónditos, sin respetar ningún tejido, y encastillado y extensamente distribuido por el organismo, no es extraño que no hagan blanco en él todos los tiros.

Lo contrario que sucede con el tripanosoma o agente productor de la enfermedad del sueño, que por ser parásito de la sangre es fácilmente atacable por el atoxil y por el '606'.

Así, pues, el preparado de Ehrlich debe emplearse 'siempre que no está contraindicado' para el tratamiento de la lúes; pero a reserva de seguir observando a los enfermos con él tratados para atacar a la enfermedad oportuna y prontamente, ya con otras inyecciones del nuevo remedio, ya con los medicamentos clásicos y antiguos, cuando se considere conveniente o necesario, pues hacer creer a los enfermos que quedan curados con una o dos inyecciones de '606', es exponerlos a sorpresas muy desagradables y cada vez de más difícil remedio.

Respecto a los dos métodos de inyección que hoy se emplean, me parece que, como ambos tienen ventajas e inconvenientes, no puede formularse un juicio definitivo de elección o preferencia por uno u otro.

La inyección intravenosa es más de cirujano, es más artística y a primera vista más seductora y racional; pero como se ha observado que administrando en esta forma el medicamento se elimina más pronto, se aconseja que ésta vaya seguida de otra intramuscular o subcutánea, que obra más lenta y seguramente.

La técnica de la inyección intravenosa, aunque no difícil, es más delicada, y corre algún riesgo con su empleo; pero esto ocurre con todas las operaciones quirúrgicas, aun las más sencillas, si no se hacen bien. Y así sucede con otras muchas cosas de la vida.

Bien hecha la inyección intravenosa, será de gran aplicación.

La inyección intramuscular, aunque es de técnica más sencilla, presenta varios inconvenientes, emanados de la densidad del preparado, que obliga a emplear agujas de bastante calibre, pues teniéndolo escaso se obstruyen y hay necesidad de retirarlas y pinchar nuevamente y en ocasiones varias veces, como yo he podido observar en más de una clínica.

El tiempo, que es gran maestro de verdades, dirá lo demás. 'Qui vivra erra'.

Fernando Castelo. Frankfurt am Mein, 13 de octubre de 1910
La Correspondencia de España, Viernes 21 de octure de 1910, p. 2

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