Rótulo

OPINIÓN DEL DOCTOR AZÚA SOBRE EL '606'

Entre médicos y profanos era grande el interés que había por escuchar al doctor Azúa el juicio que le había sugerido, después de su viaje a Francfort y a las clínicas alemanas, la nueva medicación contra la avariosis, asunto tan debatido este verano y sobre el que se emitieron opiniones muy opuestas.

Hubo algunos que, con gran alborozo, creían que la Humanidad había triunfado de una de las más horribles plagas; otros, por el contrario, negaron la eficacia del remedio y afirmaron que el '606' era igual a cero.

Ante esta dualidad, era discreto aguardar a que los especialistas, exentos de todo prejuicio y apasionamiento, estudiasen y analizasen los efectos obtenidos hasta ahora con el preparado de Ehrlich.

El Gobierno español confió esta misión al doctor Azúa, y, de regreso de Francfort, el sabio dermatólogo, que comparte hoy con el doctor Bombín la supremacía de los sifilógrafos españoles, se dispuso a exponer públicamente su opinión en una conferencia que dio anteanoche en el salón de actos del Ateneo de Madrid.

El valor terapéutico del '606' es innegable. El disertante refirió varios casos vistos por él que patentizan el triunfo de la nueva medicación.

Un niño, contagiado por herencia, en verdadero estado preagónico, tal era la depauperación orgánica producida por el terrible mal, fue salvado de las garras de la muerte por el arsenobenzol. En la clínica de Schreiber recobró prontamente la audición una enferma cuya sordea como todas las de origen específico, se había rebelado a todo tratamiento. Otro caso de avariosis, con una estrechez rectal que había acarreado también una gravísima extenuación, fue también curado. Aquí, en San Juan de Dios, se ha conseguido otro triunfo en una enferma baldada y ciega del ojo derecho, que a las pocas horas de habérsele inyectado el '606' distinguía ya la luz de una vela y antes de las cuarenta y ocho horas veía las personas y los objetos.

Todos estos casos revelan la indiscutible  intensidad y rapidez de acción del arsenobenzol; pero éste tiene también sus quiebras, imputables indudablemente a deficiencias de la aplicación, no al medicamento.

Ha habido enfermos cuyas manifestaciones no se han modificado por el empleo del '606'; por otra parte, las recidivas no dejan de ser frecuentes, y, en algunos casos, las inyecciones no han sido inocuas. El Sr. Azúa citó un caso de uremia consecutiva a una inyección de arsenobenzol.

Las inyecciones pueden ser intravenosas, intramusculares o o hipodérmicas. Por las primeras se consigue mayor rapidez en la acción y en la eliminación; pero la dosis no debe pasar nunca de 0,4; las intramusculares y las hipodérmicas tienen el inconveniente de que la eliminación es más lenta y el arsenicismo más fácil. El peso del paciente puede servir de tipo para la dosis; se inyectarán tantos centígramos de la solución como kilogramos pese el enfermo.

El doctor Azúa, piensa introducir una modificación de la técnica, mezclando el medicamento a la lanolina.

Como en toda cuestión médica puede buscarse siempre un aspecto social, el '606' no se ha sustraído a la regla.

El preparado de Ehrlich combate eficaz y rápidamente las manifestaciones superficiales del segundo periodo, que son las más peligrosas para el contagio, producido muchas veces involuntaria e inocentemente.

Las profesionales del amor no rehuirán el tratamiento a que hayan de someterse, pues las estancias en los Hospitales serán más cortas y los quebrantos económicos menores.
En las mujeres embarazadas y en las nodrizas que sean específicas, los efectos del '606' son valiosísimos, pues redundan en provecho de la raza, hoy tan depauperada por los estrahos de la avariosis, de la tuberculosis y del alcohol.

El distinguidísimo auditorio aplaudió con entusiasmo la hermosa conferencia de Azúa, que en su clínica de San Juan de Dios se apresta a colaborar dignamente en la genial obra de Pablo Ehrlich.

Manuel Ortíz de Pinero. El Liberal, Lunes, 24 de octubre de 1910, p. 2.

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