Rótulo

EL '606'

En interés creciente. Esperando la venta del medicamento. Partidarios decididos, vacilantes y adversarios del 606. Habla Ehrlich y nos da sus leyes. Lo que va deduciéndose de nuestra experimentación personal., por Fernando Castelo

Es innegable que, tanto en los médicos como en los enfermos, crece el interés a medida que el tiempo pasa y no se dispone del remedio. Los médicos, porque ya desean poder emplear la nueva medicación para juzgar por sí mismos de sus efectos, y los enfermos, para beneficiarse de ella.

Es lo cierto que la fecha de venta va aplazándose de mes en mes, y que en realidad nadie sabe la verdadera causa. Hay quien piensa que se están haciendo ensayos para expender el medicamento ya preparado, en condiciones de inyectar (yo no lo creo); unos atribuyen la tardanza a que Ehrlich intenta mejorar la fórmula; otros, como hace tiempo se dijo, creen que la fábrica quiere lanzar grandes cantidades en un día, para hacer de golpe un considerable negocio; pero las noticias que yo tengo de Frankfurt, aunque no del laboratorio de Speyer, son que no lo ponen a la venta hasta que hayan fabricado una gran cantidad, para poder satisfacer todos los pedidos, a fin de no incurrir en preferencias, que originarían contrariedades y disgustos.

Agréguese a esto que la preparación, según opinión de químicos eminentes, debe ser delicada, porque quizás tenga que obtenerse en una atm´sofera nitrogenada.

Sea lo que fuere, y con todos los respetos debidos al sabio alemán, procede que Ehrlich mismo dé una explicación justificada del retraso, ya que no puede ponerse pronto a la venta.

La tardanza no puede perjudicar en nada a la importancia del descubrimiento ni a la bondad del remedio; pero engendra impaciencias justificadas y disculpables en médicos y enfermos.

Conviene además que en todos los países pueda hacerse ya una vasta experimentación con el nuevo tratamiento, y así irán reduciéndose unos bandos y aumentando otros, pues a la fecha presente existen partidarios decididos del '606', vacilantes y adversarios.

Lo que lo han experimentado, no pueden negar sus inmediatos efectos beneficiosos; pero desean poder emplearlo sin economías obligadas para jhuzgarlo en gran escala y con repetición de dosis; los vacilantes, disponiendo del remedio, podrían decidirse en uno u otro sentido, y los adversarios, si no lo empleaban o lo veían emplear, demostrarían que su juicio era caprichoso e irrazonado.

Urge, pues, que todos dispongamos pronto del arseno-benzol.

Alguien podrá tildar de irreverente para el sabio alemán este apremio; pero en mi boca es precisamente todo lo contrario, puesto que dispongo del medicamento y tengo la oferta de reposición para cuando lo termine. Lo que hay es que no soy egoísta, y en interés de todos, médicos y enfermos, deseo la pródiga difusión del '606'.

Se viene hablando tanto de nuesvas técnicas de inyección, de cambio de opiniones de Ehrlich, etc., etc., que lo mejor será conceder la palabra a éste, pues entiendo yo que agradará más a médicos y profanos enterarse de lo que el propio autor piensa y aconseja, que cuanto podamos opinar unos y otros.

El 25 de octubre próximo pasado publicó el profesor Ehrlich una carta circular, que seguramente habrá dirigido a todos los médicos a quienes ha dado su medicamento para que lo ensayen, y el mismo día 25 la puso en el correo, pues yo la recibí el 28. Adjunto acompañaba un prospecto explicando las técnicasque él prefiere y aconseja.

Como es extensa y tiene párrafos que resultarían fatigosos para los profanos, por demasiado técnicos, me limitaré a dar un extracto con toda la esencia que aquélla contiene:

manifiesta el profesor Ehrlich, que habiendo repartido cerca de 40.000 ampollas, ha dado ocasión a un gran número de colegas para que hagan extensos experimentos, y que, como podremos haber visto por nuestras propias observaciones, y por todo lo publicado, puede hoy afirmarse que el valor terapéutico del remedio está ya asegurado en absoluto, pues los resultados han sido en general buenos y en parte excelentes.

reconoce que existen indicaciones y contraindicaciones; pero hace constar que éstas han sido disminuidas por los hechos en observación.

Respecto a la vista, por ejemplo, sólo queda como excepción para el empleo del nuevo remedio la atrofia del nervio óptico.

Siendo de origen luético todas las demás afecciones no presentan contraindicación, y, por el contrario, algunas, como los gemas del iris, se ha curado perfectamente.

Conserva como contraindicaciones los graves padecimientos del sistema nervioso y los del corazón y los vasos.

Con todo lo expuesto cree poder considerar concluida la primera etapa respecto respecto a la comprobación del '606'.

Ahora comienza el segundo periodo, que se refiere 'al efecto y eficacia duraderos del remedio'.

La eficacia duradera depende de cierto número de circunstancias:

1º De la cantidad de la dosis empleada y de la forma de aplicación.

2º De la especie de la enfermedad o infección

(Se refiere, seguramente, a la gravedad de la infección, índole y periodo de la anifestación, fecha del padecimiento, etc., etc.).

En general, se podrá decir que la garantía para una eficacia duradera será tanto mayor cuanto más fuerte es el grado primario del 'ictus (?) terapéutico'; esto es, cuanto mayor sea la dosis empleada (dentro de lo posible) y más pronto se verifique la reabsorción.

Sobre esta base establece el orden siguiente:

1º La inyección intravenosa de solución alcalina fuertemente diluida.

2º La inyección intramuscular de la solución alcalina

3º Las soluciones ácidas muy estimulantes (mono diclorhidrato)

4º y último. Las llamadas emulsiones neutras (intramuscular o subcutánea).

Manifiesta después, que en interés de la causa ha dejado en libertad de acción a cada experimentador para la elección del método de inyectar, pues obrando así se consiguiría antes una orientación sobre el valor relativo de cada procedimiento.

Hace constar que el método que más se ha empleado es el de la inyección subcutánea con la emulsión neutra; pero los hechos han demostrado que es el que menos eficacia duradera ejerce. Lo atribuye a que es difícil preparar emulsiones de absoluta igualdad, y a que la reabsorción del remedio puede ser muy diferentes.

Se le ha dado la preferencia, porque no produce notables dolores, y las soluciones alcalinas y ácidas pueden y suelen producirlas.

Se ha empleado también, porque el resultado momentáneo en la curación de las afecciones ha sido completamente satisfactorio.

Pero, en cambio, según las noticias que ha recibido, el 'ictus terapéutico' no es bastante intensivo con este método.

Por todas estas razones, y otras muchas que omito por la índole de este periódico, Ehrlich se declara decidido partidario del método de inyección intravenosa, siempre que esta sea posible, y la recomienda sobre todo para los hospitales y clínicas.

Reconoce que en la práctica particular se presentan algunos inconvenientes; pero aun así, dice que para 'todo paciente debe darse la preferencia a lo mejor y más eficaz'.

La inyección intravenosa, contra lo que opinan algunos, no es, según el propio Ehrlich, y según hemos tenido ocasión de demostrar en el Hospital de San Juan de Dios, ni difícil ni complicada. Puede hacerse perfectamente aséptica, y por regla general no debe ocurrir nada, como lo demuestra más de 1.000 casos tratados por este método. Schreiber, de Magdeburgo, más de 500; Weintyrand, de Wiesbaden, más de 200; Iversen, de Petersburgo, 200, y otros muchos por Neisser, de Breslau, Werther, de Dresde; Gennreich, de Kiel; Frenpel, de Frankfurt; Bitter, del Cairo; Hausmann, de Tula, etc.

Después habla de la dosis que han empleado diversos autores y las que él aconseja, en visya de los resultados de tan múltiples observaciones.

Recomienda los casos en que debe repetirse la inyección, teniendo en cuenta la reacción de Wassermann y otras circunstancias; pero toto esto debe reservarse para los médicos, y a este fin creo contribuir a una obra útil dando la traducción íntegra de la carta a un periódico profesional.

Recomienda mucha circunspección y dosis pequeñas para las enfermedades del sistema nervioso, y añade que para estos casos 'si que no puede decirse en la actualidad' qué método es el preferible.

En uno que yo he tratado con excelente éxito no vacilé en emplear el intramuscular, porque tratándose de un enfermo de apoplejía cerebral sifilítica, hubiera sido una imprudencia aumentar la presión intravascular con una inyección intravenosa.

Por lo demás, pienso seguir los consejos del maestro, pues su carta la termina así:

"Le estaré a usted muy agradecido si, como hasta aquí, me sigue prestando su concurso en lo sucesivo, y a ser posible sirviéndose del método de la inyección intravenosa.

Por los resultados obtenidos en el hospital de San Juan de Dios en todos los enfermos inyectados, puede asegurarse, como dice muy bien el sabio Ehrlich, que su preparado produce un efecto rápidamente eficaz. De tal manera es así, que no hay medicación específica que pueds comparársele ni en la eficacia ni en la rapidez. ¡Y cuidado que nos abstenemos de emplear medicación tópica o local para juzgar bien los efectos generales del 606!

Yo puedo presentar y he presentado en la Sociedad de dermatología y en el Hospital, ante varios médicos, casos verdaderamente notables por la rapidez de la curación y por la gravedad que tenían.

Otro efecto notablemente beneficioso que produce el arseno-benzol es el levantamiento de fuerzas. He inyectado a enfermas con anemia grave, y en pocos días han mejorado asombrosamente, esta es la palabra. Por lo general, aumentan de peso todos los enfermos a los pocos días.

Como dice muy bien Ehrlich, estamos en la segunda etapa del ensayo y prueba del medicamento: la eficacia duradera. Pero es pronto para hablar de esto, porque sólo el tiempo puede suministrarnos las pruebas concluyentes en uno u otro sentido.

¿Que se estacionan las lesiones o hay recidivas? Pues ya sabemos que puede reinyectarse el medicamento, pues hasta en eso ha sufrido Ehrlich una equivocación en su favor. Él creía que en inyecciones sucesivas sería más tóxico el arseno-benzol por aumento de la sensibilidad al preparado, y los hechos han demostrado que no es así.

Ha habido clínico que ha inyectado hasta cuatro y cinco veces al mismo enfermo; pero estos casos hasta hoy son excepcionales por varias razones: la primera, porque no ha habido tiempo para muchas inyecciones, y la segunda, porque las recidivas, aunque existyen, no son tan numerosas que lo hayan requerido.

Y en todo caso, ¡qué probaría esto contra de la importancia del descubrimiento de Ehrlich? Unicamente que no se conseguía la esterilización magna que él ha soñado; pero siempre tendremos un nuevo y eficacísimo contra una enfermedad tan grave y, lo que es más, la posibilidad de que llegue el día en que ese sueño tan humanitario y tan noble del sabio alemán se realice, ya por él mismo, ya por sus discípulos.

Yo soy el primero en reconocer que con los medicamentos llamados clásicos hemos obtenido todos curaciones verdaderamente maravillosas; pero ¿quién puede negar que los efectos son más lentos que con el '606?

Y vaya el último argumento. ¿Es que por haber obtenido Ehrlich el arsenobenzol es forzoso desterrar el mercurio y el ioduro? ¿Se trata, por ventura, de un trono que no es posible compartir? ¡Vengan en buena hora medicamentos como el '606', y plegue al Cielo que hubiera muchos sabios como Ehrlich, para bien de la humanidad!

Doctor Fernando Castelo. Médico del Hospital de San Juan de Dios
La Correspondencia de España, Jueves 24 de noviembre de 1910, p. 4

Proyecto de investigación "La imagen de la medicina a través de la prensa diaria' El Imparcial' y 'Las provincias' (1898-1930) (HAR2008-04023) historiadelamedicina.org