Rótulo

LA LUHA CONTRA LA AVARIOSIS

Me complace extraordinariamente haber tenido la fortuna de llamar la atención en España acerca del descubrimiento de Ehrlich, que cada día parece más llamado a formar época en la historia de la Medicina. No disponía yo, cuando envié el primer artículo a EL IMPARCIAL, del tiempo suficiente para consultar los trabajos insertos en las Revistas que por entonces se publicaban y que encontraba aquí y allá en las bibliotecas de los hospitales de las poblaciones que recorría; así, mi artículo era reflejo de la impresión obtenida en conversaciones con distinguidos colegas extranjeros. Pronto los especialistas españoles que se disponen a estudiar este gran progreso científico dejarán oír su voz autorizada. Séame lícito, entretanto, exponer los fundamentos del método, para que el público médico, y el público en general, puedan darse cuenta de la enorme trascendencia de los estudios de Ehrlich, no sólo en relación a la avariosis, sino a la Medicina en general.

Cuando un organismo ha sido invadido por un parásito, matar a éste sin perjudicar a aquél sería un gran medio de tratamiento, y así se han ensayado contra diferentes enfermedades inyecciones de diversos desinfectantes. Las limitaciones de este tratamiento consisten en que  las dosis necesarias para destruir los parásitos han de ser tales que no destruyan también ni afecten siquiera seriamente al organismo que los alberga.

El parásito de la avariosis, como el de la enfermedad del sueño, al que se parece mucho, son muy sensibles al arsénico; pero los preparados arsenales fuertes ejercen sobre el organismo humano efectos nocivos. El atoxil, uno de estos preparados, se ha empleado contra contra la avariosis, pero ha sido abandonado por producir a veces afecciones y trastornos graves. Nuestro ilustre compatriota el doctor Azúa publicó, acerca de estos accidentes provocados por el atoxil, un artículo muy interesante en una revista española. Ahora bien, el atoxil no debía obrar por sí mismo sobre los parásitos, porque experimentos de laboratorio han demostrado que puestos aquél y éstos en contacto, no se producía la muerte de los agentes provocadores de la enfermedad del sueño o de la avariosis. o tardaba mucho en producirse.

Era, pues, probable que lo que mataba a los parásitos de un animal infestado, cuando se le sometía al tratamiento por el atoxil, no era esta substancia, sino algún producto nuevo que se formaba a expensas de ellas en el organismo. Tomar o perder oxígeno, o como se dice en términos científicos, la oxidación o la reducción, son las transformaciones más corrientes que las substancia que introducimos en un organismo animal experimentan. Los trabajos de Ehrlich se han dirigido a obtener artificialmente, en el laboratorio, estos derivados del atoxil, que todo hacía suponer que se producían en el organismo y a los que se debería la acción parasiticida de esta substancia.

Aquellos a quienes interesan los desenvolvimientos técnicos de este asunto, harán bien en leer el último número de la Revista Clínica de Madrid, donde nuestro joven y distinguidísimo compañero el doctor Marañón, que se ha pasado el verano estudiando con Ehrlich, hace un inspirado resumen de la historia del descubrimiento y del estado actual del asunto, a más de ofrecer acerca del particular una abundante bibliografía. Allí verán cómo, confirmando estas suposiciones, halló Ehrlich dos productos de reducción del atoxil, tan extraordinariamente activos, que matan instantáneamente los parásitos en una disolución al uno por cien mil, y que los matan en media hora en disolución al uno por un millón.

Esta es, en resumen, la obra de Ehrlich: haber acertado a producir en el laboratorio productos análogos al que se engendra en el organismo por reducción del atoxil, y que es verdaderamente activo contra el parásito. Conejos y ratones en cuya sangre, poco antes de morir, se comprobaban millones de parásitos, curaban con la inyección de uno de esos preparados, el 418, y los parásitos desaparecían. Animales fuertemente infectados, llenos de úlceras y con lesiones enormes, curaban de su infección rápidamente y se reponían y sanaban, por haberse producido, por decirlo así, de un solo golpe la completa esterilización del organismo infectado.

Inútil relatar los experimentos hechos después en los animales, e imposible dar cuenta en un diario no profesional de los centenares de observaciones realizadas en el hombre enfermo por eminentes especialistas alemanes. Los que deseen conocer detalles de estas cosas, lean el artículo del doctor Marañón. Hay observaciones que de todos modos es de interés público conocer. Los hijos de dos embarazadas, enfermas de avariosis, sometidas a tratamiento, nacieron sin signos de esta enfermedad. Otra embarazada recibe la inyección; su hijo, al que amamanta, con lesiones de avariosis, se cura también. La transcendencia social de estos hechos es verdaderamente incalculable.

No creo tener necesidad de volver a hablar de esta cuestión, acerca de la cual no tardarán seguramente en emitir su juicio los especialistas españoles a quienes más directamente  interesa el descubrimiento de Ehrlich, por razón de las enfermedades a que se dedican. Algunos han anunciado ya que se disponen a estudiarlo. La respetabilidad del autor y de los profesores que han ensayado el producto, merecen toda estimación, y los trabajos publicados acerca del método arrojan ya mucha luz en lo que se refiere a sus indicaciones y a su transcendencia.

A reserva de que el porvenir fije los límites de la eficacia del remedio, parece indudable que se ha realizado un gran progreso científico, no solamente aplicable a la avariosis, sino con el carácter de método general, susceptible de inesperadas derivaciones. Celebraré que mis artículos hayan contribuido a despertar la curiosidad de las gentes y a procurar al descubrimiento de Ehrlich en España la atmósfera de simpatía con que toda novedad, lanzada por un hombre de ciencia respetable, debe ser recibida.

José Verdes Montenegro, El Imparcial, miércoles 21 de septiembre de 1910, p. 2

Proyecto de investigación "La imagen de la medicina a través de la prensa diaria' El Imparcial' y 'Las provincias' (1898-1930) (HAR2008-04023) historiadelamedicina.org