Rótulo

LOS ESPAÑOLES QUE FUERON A FRANKFURT

En las crónicas que conocemos de los médicos españoles que marcharon a Frankfurt para aprender todo lo relativo al 606, se encuentra no solo información de tipo científico sino que incluyen opiniones y comentarios sobre cuestiones que no tienen cabida en las revistas profesionales. Algunos narran el viaje completo, otros la impresión que les produce una gran ciudad como Francfurt y sus instalaciones sanitarias, otros la vida que hacen fuera de los hospitales, y Bandelac su estrecha relación con Paul Ehrlich. Hubo también quien, de regreso, permaneció unos días en París para comprobar cómo se estaban realizando en la capital francesa los tratamientos con el 606.

Como muestra incluimos las crónicas alemanas que enviaron los médicos valencianos, los hermanos José y Vicente García Donato. De alguna manera representan bastante bien lo dicho por otros. Apenas sabemos nada de estos hermanos, sólo que parece que fueron a Francfurt motu proprio y que años después regresaron a Alemania para ampliar sus estudios sobre el tratamiento del cáncer. Las crónicas aparecieron en el diario valenciano Las Provincias a lo largo del mes de octubre de 1910.

 

Estación de ferocarril Frankfurt ca 1906
Estación de ferrocarril de Frankfurt alrededor de 1906

El "606" Cartas de Alemania
Llegamos a Francfort.- La Meca de la Ciencia.- Impresión que produce Frankfort.- Preparándonos para nuestros trabajos
Frankfort 2 de octubre

Amanece. Chirrían los frenos del tren, y la máquina, tras sus últimos resoplidos se detiene. Al apearnos, un viento glacial nos azota la cara. Una espesa niebla que sale del Mein nos envuelve y congela, penetrándonos la humedad hasta los huesos, a pesar de que vamos envueltos en recios gabanes. Verdaderamente hace frío.

Henos ya en Frankfort, La Meca moderna, una Meca a la cual, en vez de acudir las gentes en pos de una quimera, acuden en busca de algo más positivo: la conquista de la ciencia y de la salud, punto de convergencia de una multitud ávida de estudiar y aprender, y de otra multitud que va en busca de una salud que en una hora de placer perdió.

Los primeros resplandores del día alumbran la gran ciudad, que en casi su totalidad está aún entregada al sueño. Al dejar la monumental Bahnhof e internarnos en la ciudad, nuestros ojos quedan atónitos ante la marivillosa perspectiva que se les ofrece. Una inmensa avenida de altísimos edificios, cuyos puntiagudos tejados parece que arañan el cielo, se extiende, no sabemos hasta dónde, pues a lo lejos sus casas se difuminan en la niebla.

Nos acercamos: es la Karlstraße. Otras varias, irradiándose en forma de inmenso abanico, vienen a converger en la plaza donde estamos.

El aspecto de todo ello, gris, enorme, colosal, sorprende un tanto a estos médicos meridionales que llegan al Norte después de dejar sus ciudades levantinas, alegres y a seadas a modo de muchachas pobres; después de admirar, sin asombrarse, las lindas y coquetas poblaciones francesas y suizas.

Realmente, se halla uno empequeñecido en presencia de esta ciudad con su aspecto noble y severo, y cuya silueta la niebla hace tomar aspectos semifantásticos.

Nuestra primera impresión, a la vista de lo que nos rodea, es que gentes capaces de crear un pueblo así, por fuerza han de ser capaces de las más atrevidas concepciones y de las más colosales empresas, y que los optimismos que traemos de nuestra España han de hallar aquí una plena confirmación.

Hemos estado en el consulado español; es día festivo y no hay nadie en él. Por fuerza habremos de esperar a mañana para emprender nuestros trabajos. Hoy dedicaremos el día a ver la ciudad, que bien vale la pena. Mañana veremos a Ehrlich: después de una grandeza, otra.

Dres. J. y V. García Donato

En el laboratorio de Ehrlich.- Hojeando el álbum.- En presencia de M. Ehrlich.- Visitando el Hospital
Francfort, 3 de octubre

Provistos de una buena recomendación de nuestro cónsul, que por coincidencia es médico también y amigo particular de Ehrlich, tomamos un auto-taxis que nos abrevia el largo trayecto, y después de pasar el Mein llegamos a Sandhofer Strasse, donde se halla emplazado el Königliches Institut für experimentelle Therapie, que es donde el profesor tiene su laboratorio.

El conserje, un tanto adusto, recibe nuestras tarjetas y nos pasa a una antesala en la que nos invita a esperar.

Entre tanto, nuestra vista recorre la estancia donde nos hallamos, haciendo inventario de lo que nos rodea, pero nada cuiodado o de particular se encuentra en ella. Algunos retratos por las paredes y un gran casillero repleto de revistas profesionales en su mayoría, como es natural, alemanas, pero abundando también las rusas, inglesas y francesas. Ni por casualidad una escrita en castellano.

El mismo conserje que nos introdujo invítanos a estampar nuestras firmas en un grueso álbum, lleno ya hasta la mitad de nombres de médicos venidos para estudiar el preparado que aquí llaman de Hata en honor del ya célebre colaborador de Ehrlich.

Por lo visto, hemos sido los más madrugadores, pues a poco van llegando paulatinamente señores y más señores, la mayor parte de edad ya venerable y algunos de aspecto exótico, que por las trazas les trae el mismo objetivo que a nosotros.

Nos hemos reunido ya ocho o diez; pasan unos minutos, y como el profesor no sale, parece que en la Asamblea hay señales de impaciencia.

Para matar el tiempo cogemos el libro de las firmas y nos entretenemos en hojearle. Resulta un documento curioso. En la última página, que es la que hemos llenado todos los presentes, nos llama la atención un nombre que dice:
Dr. Deuntrer, Bankok.- Siam
Dirigimos nuestra mirada al buen señor, el cual es un viejo de unos 70 años, y nos parece increible que se haya atrevido a su edad a emprender el viaje desde Siam a Alemania.

Volvemos las hojas atrás y leemos:
Dr. Bandelac de Pariente, Médecin de S.M. le roi d'Espagne….

Y tantas y tantas otras de tan diversos países, que puede decirse que representantes del mundo médico entero han puesto su firma en aquel libro. Nos sentimos ligeramente orgullosos de que también nuestros nombres tengan un número en el homenaje que aquello representa.

Por fin, ya era hora, cruge el picaporte de una puerta contigua en la que dice "Direktor", y sentimos, ¿por qué no decirlo?, una viva emoción al pensar que vamos a hallarnos en presencia del hombre a quien la humanidad debe uno de los más grandes descubrimientos.

Ehrlich aparece: le reconocemos por haber visto su retrato en mil partes. Viejecillo y encorvado, nos mira con sus ojos grises y vivarachos a través de sus gafas de concha.

En francés a unos, y en alemán a otros, nos ha dirigido frases de cariñosa bienvenida, prometiéndonos toda clase de facilidades para poder conseguir el mejor resultado en nuestra empresa, poniendo a nuestra disposición el extenso material existente en el hospital de la villa.

Después de despedirmos del maestro, cada uno ha tomado su rumbo, y nosotros hemos dedicado el tiempo a visitar el hospital inmediato, donde actualmente se practican las inyecciones Hata.

Al lado de la Sandhofer Strasse, contiguo al Instituto de Ehrlich y rodeado de pulcros y amplios jardines, se levantan majestuosos los magníficos edificios que componen el Städliches Krankenhaus. El conjunto de sus alegres fachadas con los tejados de pizarra que brillan al sol cual aceradas armaduras; el verdor de sus macizos de flores y elegantes y copudos árboles que rodean los pabellones, alegran el espíritu en vez de entristecerlo, como sucede en la mayoría de nuestros viejos hospitales. Es el sistema Tolet, llevado a su mayor grado de perfección.

Su entrada, una puerta monumental, cerrada por artística verja, está guardada por un portero uniformado, que nos saluda militarmente al entrar acompañados por el doctor Fournier, especialista parisién, llegado con el mismo motivo que nosotros, y que nos presta un servicio inestimable sirviéndonos de cicerone en nuestra visita.

Existen multitud de inyectados con el 606, pero nuestra atención se fija en dos: un francés y otro belga, alojados en un pabellón de distinguidos al fondo de una de las avenidas centrales del Hospital.

Estos, y los demás que existen inyectados en épocas diferentes, otros que se inyectarán mañana y otros a quienes se les practicará la misma operación los días sucesivos; nos ofrecen un vastísimo arsenal de estudio.

Dres. J. y V. García Donato

El 606. Cartas médicas desde Francfort

El arsénico y la sífilis.- Los Dres Ehrlich y Hata.- ¿Qué es el 606?.- Preparación de las inyecciones.- La operación: su sensillez
6 de octubre

Desde que en París el Dr. Salmon presentó a la Sociedad de Biología sus primeros estudios sobre la acción del arsénico en las enfermedades sifilíticas, ha ido interesando cada vez más al mundo médico este nuevo método de curación. El problema estaba, sin embargo, rodeado de múltiples dificultades, por tratarse de preparados tóxicos. Ello, sin embargo, ha ido cada vez perfeccionánodose. Primero, hiciéronse trabajos con el anilarsenato de sosa, en los cuales tomó parte activa Metchnikoff, haciendo notables experimentaciones en el mono. Ahora, Ehrlich con su 606.

Ehrlich, en sus comienzos, no obstante, no trató de curar la sífilis. Ehrlich, con sus pacienzudos trabajos en el Instituto de Terapéutica experimental, de Frankfort, buscó un remedio para la curación de la tripanosomiasis, de esa enfermedad que devasta el África Central. Hasta fue el que tuvo la feliz idea de tratar la sífilis con el remedio de Ehrlich. Ambos son, pues, casi por igual, merecedores de la gratitud humana.

El 606, este producto arsenical modernísimo que han dado a la publicidad todos los periódicos del mundo, es un polvillo amarillento, de color parecido al del limón, encerrado en ampollas de cristal cerradas a la lámpara. Su molécula química, el diclorhidrato de diamidoarsenobenzol, es bastante inestable; tanto es así, que en su conservación deben guardarse una serie de precauciones que no pueden olvidarse. A pesar de todo, a la larga, es muy fácil que se descomponga, y de ahí tal vez las dificultades para lanzarlo al comercio. La humedad lo reduce, y al menor cambio en su composición, se convierte de medicamento en veneno.

En los hospitales de Francfort, la técnica de las inyecciones del 606 es semejante a la de los demás; sin embargo, tiene algunas variaciones, procurando siempre que al poner en condiciones de ser inyectado el medicamento, se haga fácil y asépticamente, a la vez que se procura darle una neutralización absoluta. He aquí su modus faciendi:

Una vez elegidos los enfermos perfectamente reconocidos de antemano y comprobada la reacción de Wasermann, procédese a la preparación de las inyecciones, y mientras tanto, un ayudante asea escrupulosamentela la región que debe ser picada, lavándola con detención y dejándola esterilizada.

Al lado mismo del enfermo deberán tenerse a punto todos los instrumentos y utensilios necesarios que acaban de sacarse de la estufa aun envueltos en papel que les preserva de la acción de los polvillos atmosféricos. Se principia por colocarse en un mortero bastante capaz la cantidad de 606 que desea inyectarse y que no la consignamos, porque siempre deberá ser con relación al enfermo. Por cada 50 centígramos de medicamento añádanse en el mismo mortero 3 centésimas de centímetro cúbico de una solución de legía de sosa al 20 por 100, procediendo acto seguido a mezclar ambas sustancias, mezcla que debe ser íntima, absoluta, para no dejar ni una sola partícula de medicamento, sin ponerse en contacto con la legía.

Así, no quedando nada de clorhidrato por neutralizar, desaparece el peligro de la causticidad.

Conforme se van mezclando ambas sustancias, el color amarillo del 606 se hace más vivo. Se le añade un poco de agua destilada para facilitar la mezcla y así, agitando en el mortero, y añadiendo agua destilada, se le da una consistencia de mayonesa un tanto líquida. La mezcla se vierte en una probeta graduada, como todo, recién sacada de la estufa, y ya entonces se le añade más agua hasta completar 10 centímetros cúbicos por inyección.

Nada de alcohol metílico. Este, al que tan aficionados están, en el Hospital Cochin de París, Salmon y sus discípulos es cierto que produce soluciones más perfectas, más bonitas, pero en cambio resultan muy dolorsas, inconveniente que aquí casi ha llegado a subsanarse.

Una vez la inyección preparada, jamás deberá aplicarse sin antes haberse convencido de su absoluta neutralización con el tornasol y la fenolftaleina.

Ya no queda más que tomar la jeringa e inyectarlo. La jeringa, aunque especial para las inyecciones Hata, nada de extraordinario tiene, excepción de la aguja que es un verdadero trócar, con una luz de cerca de dos milímetros.

Aún nuevamente debe hacerse entonces en la piel del enfermo una buena embrocación de tintura de yodo, y en seguida tomando toda la nalga con la mano izquierda, con la derecha y en un solo tiempo, la aguja se introduce toda en la dirección normal. Se inyecta rápidamente, se saca la aguja y se practica un ligero masaje. Casi siempre el enfermo marcha por su pie a la cama.

He aquí, sencilla por completo, la técnica de las inyecciones; cuanto quiera hacerse para complicarlas, a más de inútil, resultaría perjudicial.

Bien conservado el producto y con las precauciones anotadas, el 606 mantiene siempre su color y su composición normal. Inyectando con mano segura en la profundidad de los glúteos y habiendo observado severa escrupulosidad en la esterilización, ni aún casi aparecen fenómenos febriles.

Buena prueba son de ello dos enfermos alojados en un pabellón de distinguidos, dos casos notables de que hablaremos más adelante.

J. y V. García Donato

El 606. Cartas de Alemania

Los optimismos sobre el 606.- Un reproche al Dr. Ehrlich.- El remedio contra la sífilis es un hecho.- Las enfermedades parasifilíticas.- El Dr. Sevas.- La sustitución del mercurio.- El atoxil.- Las experiencias que se realizan.
Francfort 6 de octubre

Escribimos estas líneas llenos de alegres impresiones, pues los optimismos que tratamos a Alemania se han confirmado.

Hemos visto la exactitud de las informaciones de que se ha hecho eco la prensa de todo el globo. Sin embargo, en nuestro concepto tenemos que reprochar a Ehrlich una falta que bien se le puede perdonar, en compensación con el beneficio que representa su nuevo procedimiento terapéutico, y de cuya falta tal vez sea él el culpable. Nos referimos al hecho de que haya entregado la publicidad de su descubrimiento a la prensa periódica general, antes que a la profesional.

La opinión que hemos formado a la vista de los enfermos inyectados en nuestra presencia y ante la evolución de la enfermedad en los que ya estaban inyectados a nuestra llegada,

 

 

es de que aparte algunas exageraciones excusables, ante el entusiasmo que despierta semejante maravilla, es todo cierto, absolutamente cierto. El remedio de la sífilis está encontrado, y ¡de qué manera!; bastan algunos días, y a costa tan solo de algunos sufrimientos insignificantes, para obtener la curación del mal que antes necesitaba años de intervención casi constante, de curas interminables y molestas.

¿Qué representa al lado del tratamiento antiguo con sus series de inyecciones o de fricciones, con sus compuestos hidragíricos tomados al interior, perturbadores del tubo digestivo? ¿Que representan, decimos, un rato de fiebre (cuando la hay), un rato de jaqueca o unas horas de dolor a todas luces soportable? Como caso corriente podemos mencionar nosotros un muchacho oficial del ejército alemán, que a dos días de inyectado estaba paseando con nosotros por los bulevares.

Sin embarho, en esto, como en todas las investigaciones humanas, la ciencia está muy lejos de haber dicho su última palabra. En el tratamiento de la lues hay un punto muy oscuro, negro; el tratamiento de las afecciones llamadas parasifilíticas.

¿Son éstas, enfermedades en que solo hay una lesión que preexistía, y en las que el microbio ha desaparecido ya; y por lo tanto, mal se puede combatir a enemigo que no existe? o bien, ¿son otras razas de treponema aclimatados ya al mercurio, treponemas descendientes de aquellos que produjeron los primeros accidentes y que transformándose y adaptándose al medio hostil en que viven, pueden vencer luego al organismo que las aloja…?

Frankfurt hacia 1910
Frankfurt en 1910

El Dr. Sevas, con quien tenemos el honor de conferenciar todos los días, es partidario de la segunda opinión, y tiene argumentos positivos para creerlo así.

En los tabiques conjuntivos emanados de la cápsula de Glisson, del hígado de una enferma fallecida de avariosis y en la que no había sido posible demostrar los espiroquetos de Schaudinn, ha encontrado una serie de bastoncitos, que él cree bajo toda probabilidad, que son treponemas modificados por la acción del mercurio, y al cual se habían adaptado; por lo que la terapéutica ordinaria resultaba ineficaz.

Estas observaciones van a ser motivo de una comunicación a la Academia de Medicina de París, por parte del Dr. Sevas, y de confirmarse por nuevos casos la realidad de las modificaciones morfológicas y fisiológicas del treponema, sería cuestión de estudiar también, qué clase de modificaciones convendría hacer en el preparado Ehrlich Hata, para poder desalojar al agente morboso de sus últimas trincheras.

En los casos de enfermedad tratados por el mercurio, y que a pesar de él la enfermedad sigue su marcha inexorable, es donde radican los mayores triunfos del 606.

Enfermos desesperados, ante quienes los médicos se cruzaban de brazos porque la ciencia ya nada podía hacer por ellos, han salido a flote, cuando han tenido la dicha de poder ser inyectados. En la actualidad hay todavía un enfermo que estaba en este caso, y está ahora a punto de ser dado de alta.

No todos los casos tratados por el nuevo remedio tienen terminación tan feliz, sino que algunos enfermos, al poco tiempo de haber sido inyectados, y cuando parecían ya curados definitivamente, vuelven a presentar la reacción de Wassermann positiva, los espirilos son otra vez aparentes, y la enfermedad continúa su curso.

Estos casos desgraciados son los que luego resultan más refractarios para el tratamiento, y en los que Ehrlich instituye el tratamiento mixto, pues lo regular es que con el 606 solo, no lleguen a la curación.

 

Tranvía de FRankfurt a finales del siglo XIX
Tranvía de Frankfurt a finales del siglo XIX

Para explicar esto basta recordar las experiencias hechas en la espirilosis aviaria por medio del atoxil, preparando también arsenical.

Tenemos un animal afecto de esta enfermedad, y se le inyecta una cantidad determinada de atoxil. Si la dosis es suficiente, se ve cómo los accesos febriles y demás síntomas, se atenúan primero, y luego desaparecen, y por último, también dejan de encontrarse los espirilos en la sangre, y el animal queda curado definitivamente.

Si la dosis de atoxil es insuficiente, se da el caso de que el animal se alivia y llega a una curación aparente, y hasta los espirilos desaparecen de la circulación; pero al cabo de no mucho tiempo comienzan otra vez a presentarse los síntomas, y la enfermedad sigue el curso primitivo.

Siguiendo el antiguo aforismo terapéutico de que, lo que al principio alivia, continuando cura, veremos como resulta absolutamente falso, pues volvemos a inyectarle nueva cantidad de atoxil y la enfermedad sigue su evolución. Volvemos a inyectar nueva cantidad de atoxil hasta rayar ya en los límites de lo tóxico, y lo mismo. Por fin el animal muere.

¿Qué es esto? Sencillamente que en la espirilosis hay que dar fin al microbio de un solo golpe y de una sola vez, pues si la dosis es pequeña y no los destruye a todos, los supervivientes quedan inmunizados contra el veneno, y luego es completamente inútil insistir en la medicación.

Por analogía se deduce lo que sucede en la sífilis. Enfermo que a la primera inyección no cura, tiene perdidas muchas probabilidades de curación por el 606.

Claro es que el caso no es el mismo, pues el preparado Hata es enórmemente más tóxico para el microbio que el atoxil, pero aún a pesar de esto, ha habido casos en que la dosis que se empleaba de 30 centígramos ha sido insuficiente.

Ahora van aumentándola paulatinamente y observando sus efectos. La corriente es en la actualidad de medio gramo, y nosotros hemos visto poner 60 centígramos, sin más efecto tóxico que una ligera erupción escarlatiforme, y por último, se nos asegura, aunque nosotros no lo hemos comprobado, que en casos graves han llegado a inyectar 50 centígramos.

Dres. J. y V. García Donato

El 606. Cartas de Alemania

Las afecciones parasifilíticas.- La sífilis y la parasífilis.- El 606 en esta última.- ¿Por qué no no quiere aplicarlo Ehrlich.- La heredosífilis
Francfort 10 de octubre

Nos ocupábamos de pasada, en una de nuestras últimas crónicas, de las afecciones parasifilíticas, y hoy tenemos que insistir nuevamente sobre este mismo asunto por su importancia capital.

Conviene aclarar algunos conceptos sobre la aplicación o abstención en estos casos de la nueva terapéutica.

Es asunto el de la parasífilis de importancia tan trascendental que a cualquiera se le alcanza. No hay más que hacerse la siguiente reflexión: la sífilis, mal que mal, ha tenido su tratamiento; habrá sido este largo, molesto, dificultoso, pero al fin tratamiento había, y a él se acogían los individuos atacados, y con la medicación encontraban su remedio. Muchos de ellos la curación completa.

Pero en cambio en la parasífilis, ¿qué esperanza le cabe al desgraciado enfermo atacado de tabes, de parálisis general, o de cualquiera de las otras horribles formas el mal?

En estos sí que el lasciati ogni esperanza. Su porvenir queda reducido a arrastrar una vida muriente y miserable, hasta que una muerte caritativa pone fin a sus desdichas.

¿No se autorizan las experiencias peligrosas en los condenados a muerte? ¿Por qué no han de ser autorizadas también en estos infelices, que al fin nada pierden, y en cambio podrían hallar en el 606 una esperanza, aunque remota, de curación?

Al pronto se dijo que las lesiones nerviosas del periodo terciario no eran influenciadas favorablemente por el preparado, pero luego se han presentado casos indudables de mejorías notabilísimas por intermedio de él.

En el Congreso celebrado últimamente en Köenigsberg, el profesor Alt, especialista en enfermedades nerviosas de Uchtspringe, presenró entusiasmado algunos casos de tabes y de parálisis tratados y curados por el 606.

Esto debía autorizarnos para seguir inyectándolo en esta clase de enfermos y aumentar las estadísticas que luego nos permitieran formar un juicio definitivo, pero Ehrlich se opone tenazmente a que su preparado se emplee en estos casos. No nos explicamos este proceder mas que ante el temor de los fracasos que pudieran sobrevenir, fracasos que oscurecerían un tanto la aureola de que nace rodeado el procedmiento Ehrlich-Hata.

Otra de las cuestiones que están aquí a la orden del día, es la que se refiere a la aplicación del remedio en los casos de heredosífilis. En los niños han comenzado ya a inyectarse el 606, el cual toleran perfectamente, según hemos podido observar en uno recientemente inyectado en el hospital, y en el que por el poco tiempo que hace de la inyección, aún no se han podido manifestar los efectos terapéuticos, pero desde luego se ha comprobado la ausencia de efectos tóxicos.

Dres. J. y V. García Donato

El 606. En París
Viaje de comprobación.- Los resultados prácticos han sido exactamente iguales en Francia que en Alemania.- Varios casos curados por el 606

Hemos llegado hace pocos días a París. Nuestro nuevo viaje no tiene más objeto que el de verificar una especie de control sobre los resultados del famoso arsenobenzol.

Verdaderamente que en Alemania los efectos observados para nosotros en los enfermos sometidos al tratamiento, no han podido ser más halagüeños; pero siempre prestos a la suspicacia, hubimos de pensar si aquellos casos que veíamos serían solamente los que ellos querían divulgar, y que tal vez algunos resultados desgraciados podrían haber sido objeto de ocultación.

Para informaros de las condiciones de una persona, no solo hay que ir a enterarse a su domicilio, donde seguramente sus allegados nos ponderarán sus virtudes y nos atenuarán sus vicios, sino que habrá que ir también, para mejor informarse, a casa de algún vecino y si este vecino, por añadidura, está, como vulgarmente se dice, de punta con el individuo en cuestión, tanto mejor, pues entre la opinión benévola, de un lado, y la menos complaciente, el otro, podremos encontrar el justo medio en el que, según el aforismo consisti virtus.

Y eso hicimos: dejamos la casa natal del preparado, Alemania, y vinimos Francia, la casa del vecino suspicaz. Aquí en París hemos visitado Saint-Louis, el Instituto Pasteur y especialmente el Hospital Cochin, donde los profesores Forunier y Salmon, la amabilidad francesa personificada, nos han brindado cuantas facilidades hubiéramos podido apetecer. Las puertas de los hospitales han estado siempre abiertas para nosotros, los enfermos a nuestra disposición para hacer cuantas comprobaciones quisiéramos, y un lugar en primer término se nos ha reservado para asistir a consultas e inyecciones.

En el servicio del Dr. Fournier, la técnica seguida para las inyecciones difiere bastante de la que se sigue en Frankfort; sobre todo hay tendencia marcadísima a la aplicación del 606 por vía intravenosa. Allá pinchan de preferencia el tejido muscular de la nalga o de la región interescapular; aquí inyectan con predilección por las venas de la flexura del codo.

Respecto a la cuestión de la acidez o alcalinidad de la solución, o mas exactamente, de la mezcla del 606, venimos a deducir de lo que hemos visto, que es un asunto secundario. Ha de practicarlo a nuestra presencia, con algún resultado, inyecciones ácidas, neutras y alcalinas: el asunto es que el arseno benzol pase a sangre.

Los resultados prácticos han sido exactamente iguales aquí que en Alemania. La mayoría de los enfermos tratados tienen suficiente con una sola inyección, viéndose desaparacer al cabo de muy pocos días las manifestaciones ostensibles, cicatrizando las lesiones profundas con la rapidez de las heridas ordinarias. Claro que en los casos muy graves, o mejor dicho, en los procesos de ulceración profundos no hay que esperar que el restitutio ad integrum, la completa cicatrización de las lesiones, se verifique como por arte de encantamiento; son casos estos que, como es natural, necesitan varias semanas para su curación.

Lo mismo en los enfermos inyectados subcutáneamente, que en los inyectados por vía muscular o intravenosa, los fenómenos de reacción local apenas se manifiestan, y los generales ordinariamente tampoco. Los perfeccionamientos de la técnica han llegado a suprimirlos casi por completo; de aquí que no hayamos visto en los enfermos inyectados, aún con dosis crecidas de 606, aquellos sudores profusos, aquellas horribles cefaleas, y, en fin, aquella fiebre que se manifestaba en los inyectados en los albores del nuevo tratamiento.

Esta misma mañana ha abandonado un enfermo el hospital, al cabo de una hora de haber sufrido una inyección intravenosa de 50 centímetros cúbicos de solución.

Hemos visto algunos casos de recidiva y alguno también de resultado negativo de las inyecciones. ¿Habremos por ello de decir que no sirve para nada el nuevo tratamiento? ¿Vamos a deducir por esto que el preparado es malo? Sería tanto como deir que el suero de Behring-Roux es malo, porque hay casos de difteria que con él no se curan o que la quinina es inútil, porque hay palúdicos que no son beneficiados por ella?

Nos haríamos pesados si quisiéramos pasar revista a todos los casos en que hemos visto aplicar el 606, y solo mencionaremos algunos al azar.

Hombre de 40 años tratado por los mercuriales durante cuatro meses sin resultado alguno y curado en diez días por el 606.

Un caso de tabes, con dolores fulgurantes en cintura, marcha tabética, abolición del reflejo rotuliano, etc., mejorado notablemente. Un epiléptico con sífilis maligna, a quien hace trece días se le aplicó el 606 y no solo cura rápidamente su infección, sino que nota cómo sus accesos epilépticos van atenuándose.

El profesor Salmon nos da cuenta de varios enfermos más de sífilis nerviosa, curados o mejorados por el nuevo remedio y sobre los que prepara un escrito que en breve dará a la publicidad.

Hemos visto un individuo con sífilis máculo-papulosa en todo el cuerpo, con placas enormes en la boca y en el ano, curado rápidamente con la primera inyección. Otro con sífilis laríngea, fenómenos asfícticos y gomas enormes del paladar, curados también con una sola inyección, etc., etc.

Mañana va a ser inyectado un muchacho, casi un niño, horriblemente infectado, con una sifílide populosa confluente, anemia profunda y con lesiones oculares propias de periodos avanzados de la enfermedad, cuando apenas la manifestación inicial data de treinta días.

Es un caso a cuya evolución querríamos asistir, pero mucho nos tememos que no podamos verla, pues la huelga de los cheminots nos tiene en ascuas, y probablemente habremos de tomar el tren si no queremos quedarnos aquí bloqueados.

Dres. J. y V. García Donato.

Proyecto de investigación "La imagen de la medicina a través de la prensa diaria' El Imparcial' y 'Las provincias' (1898-1930) (HAR2008-04023) historiadelamedicina.org