Ludwig Aschoff (1866-1942) en España

Portada de la edición de las lecciones 

Tal día como hoy, 10 de enero, del año 1866, nació en Berlín Karl A. Ludwig Aschoff. Se dedicó a la anatomía patológica y la mayor parte de su vida fue profesor en Friburgo. Hemos incluido una breve biografía en la sección de “Epónimos y biografías médicas“. Como tanto temas y figuras, su personalidad y sus aportaciones a la medicina están todavía sin estudiar a fondo. En los últimos años se ha hecho referencia a sus ideas políticas y de su visto bueno al nacional socialismo alemán, sin adscribirse al partido. En 1935 fue invitado por la Universidad de verano de Santander para impartir el curso “Anatomía Patológica de la tuberculosis” en seis conferencias. Reproducimos, a continuación, como complemento a su biografía, el comienzo de la primera lección:

“…I. Sobre la lesión primaria
Al tener que hablar de la tuberculosis en un país tan célebre en historia de la Medicina como España, cuya antigua ciudad universitaria Córdoba, tuvo la mayor biblioteca de la cultura mundial de aquel tiempo, no puedo comenzar sin ocuparme brevemente del desarrollo histórico del vocablo “tuberculosis”. Nuestros maestros en Medicina, los griegos, no conocían la tuberculosis. Ellos designaban la conocida enfermedad infecciosa con el nombre de “tisis”. Ya Celsus distinguía tres clases de marasmos: la atrofia por inanición, la caquexia y la tisis. “La tercera, la forma mas peligrosa de marasmo, es la que los griegos llamaban tísis”. Él la consideraba, y esto es lo que yo quiero hacer resaltar, como una enfermedad general, aunque el punto más grave de la misma estuviera en los pulmones; y las descripciones clásicas de Aretaeus sobre la tisis
se refieren, aparte de los síntomas pulmonares, principalmente a la descripción del enflaquecimiento general. De este enflaquecimiento se deriva el nombre de “tisis”, y no de las destrucciones pulmonares. Por eso el nombre de “tisis” puede ser usado tan bien como lo es el de “lúes” para una determinada enfermedad infecciosa. Deberíamos nosotros conservar el nombre de «tisis» para la totalidad de las enfermedades tuberculosas, u otra vez implantarle y denominar al bacilo con el nombre de “bacilo tísico” o “bacilo de Koch”, como ya han hecho algunas naciones y como hizo Orth hace treinta años en la descripción de la tuberculosis pulmonar; de esta manera se alejarían todas las dificultades que crea la denominación de “bacilo tuberculoso”. El tubérculo subsistiría como producto de la tisis, de la misma manera que el goma subsiste como producto de la sífilis. Cuando Koch, en su tiempo, denominó “bacilo tuberculoso” al germen por él descubierto lo calificó atendiendo sólo a un producto de la tisis, a saber, el tubérculo.

Virchow prevenía ante este nombre y escribía en su artículo de salutación, al principio del siglo XIX, las siguientes palabras, que aun hoy conservan su validez : “Desde el hermoso descubrimiento de Koch nos movemos en un círculo vicioso: se designa al bacilo según el producto de la enfermedad (bacilo tuberculoso), y el producto de la enfermedad, también cuando no forma ningún nodulillo, como, por ejemplo, en la neumonía caseosa, se designa según el bacilo. Si el bacilo tuberculoso tuviera un nombre botánico, no existiría ninguna dificultad, pues para el producto de la enfermedad tenemos un nombre patológico preciso. Como es fácil de comprender, estoy lejos del propósito de dar al bacilo un nombre real, pues yo no lo he descubierto (bacilo tuberculoso, evidentemente, no es ningún nombre, sino sólo una denominación descriptiva); mi influencia responsable está cumplida con dar nombres anatomomopatológicos”.

Con el nombre de “bacilo tuberculoso” dado por Koch se favoreció la tendencia a nombrar toda la enfermedad «tuberculosis». Con el descubrimiento del tubérculo se dio a conocer el empleo de la palabra “tuberculoso” por los autores Portal, Bayle y Laénnec. Se aplica este adjetivo de muchas maneras. Así, habla Bayle de diátesis tuberculosa, degeneración tuberculosa y afección tuberculosa; pero ante todo se habla de “tisis tuberculosa”. Esta denominación persiste hasta la segunda mitad del siglo pasado. En las excelentes descripciones de Addison, en el año 1868, encuentro la división de la tisis pulmonar en tres clases: la tisis neumónica, la tisis tubérculo neumónica y, finalmente, la tisis tubercular. La denominación de la tisis con el substantivo “tuberculosis” la empleó por primera vez Schönlein, y aún no hace de esto cien años. En estos cien años ha sido reemplazada cada vez más la palabra «tisis» por la expresión «tuberculosis», aun teniendo aquélla una antigüedad mayor de dos mil años. Se trata, por lo tanto, de una innovación muy reciente, que sin embargo ha adoptado con tanta insistencia, que es completamente inútil, yo mismo me he convencido, ir contra el nombre “tuberculosis” e introducir nuevamente el único nombre acertado de «tisis».
Así, pues, aunque la tuberculosis en su verdadero sentido sólo comprende aquella forma de la tisis en la cual se forman tubérculos típicos, sin embargo en nuestras conferencias, teniendo en cuenta el criterio moderno, emplearemos la palabra “tuberculosis” para la enfermedad infecciosa general. Sólo donde sea útil para precisar más se empleará el adjetivo “tuberculoso” para la forma de tisis en la cual hay formación de tubérculos, no como sinónimo de tisis en general…”

Aschoff, L. Anatomía patológica de la tuberculosis. Conferencias pronunciadas en la Universidad de verano de Santander. Traducción directa de Enrique Oliva. Barcelona, Editorial Labor, 1935. Pág. 1-3.

Sede de Santander de la UIMP

 
 

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