“Las científicas y docentes patentan menos que sus compañeros

La revista Nature publica hoy [Nature 442, 973 (31 August 2006), en versión on-line, el 30 de agosto] en su sección Business un breve estudio titulado Mothers of invention? En él se refiere a que las mujeres patentan menos que los hombres, tomando como referencia estudios que se han llevado a cabo o que se desarrollan sobre este tema en estos momentos, en Estados Unidos.

Este trabajo forma parte de esa irreflexiva tendencia que se está imponiendo en todo el mundo académico en los últimos años de que lo importante es patentar y “beneficiar” de alguna manera a la empresa privada. Habría que hablar mucho de este tema. En el fondo, como se dice en el artículo, las patentes son buenas si generan dinero, vengan de donde vengan.

Pero volvamos al tema. En un estudio llevado a cabo en un periodo de treinta años referido a 4000 científicos del área “ciencias de la vida” de especialidades como la biología molecular y la microbiología, y tras descartar indicadores como la productividad y el nivel de las instituciones de procedencia, las patentes de las mujeres son del 40% respecto a las de los hombres. Señalan, no obstante, que la tendencia mejora con el tiempo.

Las causas que se barajan de este hecho son varias. Por ejemplo, en el periodo de estudio del ADN muchas mujeres no eran partidarias de patentar, ya que no veían seguro su porvenir científico. Otros han hallado que las mujeres patentan menos, pero sus patentes son de “más calidad”, son mucho más citadas en los medios correspondientes. Otro análisis más esclarecedor revela que las mujeres que no tienen hijos patentan en la misma proporción que sus compañeros varones. A la hora de patentar y del papeleo que ello supone, la mujer elige el cuidado de los hijos. Ahí hay, pues, un motivo importante: la compatibilización del trabajo de investigación y docencia con el cuidado de los hijos.

También hay que poner todo esto en relación con el menor número de científicas que ocupan puestos relevantes en el mundo académico y también altos cargos ejecutivos en las empresas, aunque la situación tiende a cambiar. A pesar de que sea un detalle -lo menciona el artículo-, y también lo hemos podido experimentar en nuestro ambiente, faltan guarderías asequibles en los centros de investigación y docencia para el cuidado de los niños de sus trabajadores. Podemos añadir aquí, sobre todo en el mundo docente y en nuestro país, la locura de horarios. Aún siendo muy “locos” tanto para mujeres como para hombres, perjudica más a aquéllas. Lo que me llama la atención es que, con tantas reuniones a las que asistimos para discutir tonterías, éste es uno de los aspectos que nadie menciona.

Adorno

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