Frank Pantridge, “padre” de la llamada “medicina de urgencia”

Tal día como hoy, pero de 1916, nació en Hillsborough, Irlanda del Norte, James Francis Pantridge. Se graduó en Belfast en 1939. Sirvió durante la Segunda Guerra Mundial en Extremo Oriente como médico de un batallón de infantería del ejéricito británico. Durante la batalla que precedió la caída de Singapur, fue condecorado por su intensa actividad, pero después fue hecho prisionero y pasó encerrado varios meses en campos de trabajo.

Después de la caida de Singapur regresó a Belfast en 1945, donde sólo pudo obtener un puesto de supernumerario en el Departamento de patología de la Queen’s University. Obtuvo, sin embargo, una beca para trabajar en los Estados Unidos con F.N. Wilson, de la Universidad de Michigan, que por entonces se consideraba como la autoridad mundial en electrocardiografía.

En 1950 volvió a Belfast, donde ocupó un puesto de médico en el Royal Victoria Hospital y un puesto de profesor en la Queen’s University, que mantuvo hasta su jubilación en 1982. Pronto organizó una unidad de cardiología que fue alabada en la prensa médica de la época.

Con John Geddes introdujo la técnica de resucitación cardiopulmonar asistida y era consciente de sus limitaciones. Señaló que lo importante debía ser la recuperación o la corrección inmediata de la fibrilación ventricular antes de la llegada a un centro médico, es decir, allí donde se producía: en la calle, en las casas, en lugares públicos, etc. Por entonces en los países desarrollados las enfermedades cardiovasculares tenían ya un peso considerable.
Pantridge creía que cualquier persona que podía hacer maniobras de resucitación cardiopulmonar también podía manejar un desfibrilador. Según decía, de estos aparatos debía haber uno junto a cada extintor, porque la vida de las persdonas es más valiosa que la propiedad. Instaló los primeros desfibriladores “portátiles” en ambulancias que funcionaban con las baterías y pesaban 70 kilogramos. Hasta entonces, estos aparatos que funcionaban con electricidad sólo estaban en los hospitales.
En los años sesenta del siglo veinte creó un desfibrilador de sólo tres kilos de peso con la utilización de un condensador fabricado por la NASA. En 1968 se instaló en las ambulancias y podía conseguirse con facilidad. Según Pantridge estos aparatos debían estar disponibles allí donde fueran de utilidad.

En algunos sitios, como estados Unidos, el plan conocido con el nombre de “equipo Pantridge” se adoptó enseguida. Sin embargo, en el reino Unido no se hizo de inmediato, a pesar de que el trabajo publicado en Lancet en 1967 titulado “A Mobile Intensive-Care Unit in the Management of Myocardial Infarction” tuvo gran repercusión, y un editorial de la revista apuntaba a Pantridge y a su colega John Geddes, como los médicos que habían revolucionado la medicina de urgencia.

Se discutió entonces que alguien podía utilizar el aparato cuando no era necesario. Se pensó en incorporar un mecanismo de seguridad que impidiera descargas inadecuadas asegurando que sólo lo haría en caso de que se tratara de una fibrilación verdadera. Un desfibrilador que diseñó Michel Mirowski en Baltimore para ser implantado en el pecho, poseía estas características. Pantridge penso que podía funcionar también en su aparato que se aplicaba en la superficie corporal. Al final consiguió construir un desfibrilador con estas características.

En 1990 el Secretario de Estado de Salud del Reino Unido anunció que se destinarían 38 millones de libras para equipar las ambulancias con desfibriladores; como se ve, bastante más tarde que en otros países.

Frank Pantridge murió el 26 de diciembre de 2004. Dejó un libro autobiográfico titulado An Unquiet Life (1989).

F. Pantridge

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