Max Theiler (1899-1972) y la vacuna contra la fiebre amarilla
Tal día como hoy, pero de 1899, nació en Pretoria (Sudáfrica) el microbiólogo Max Theiler. Su padre Arnold, de origen suizo, fue un destacado veterinario; ocupó el cargo de director del Instituto de Investigaciones Veterinarias de Onderstepoort. Estudió en las escuelas locales excepto un año que estuvo en Suiza. Después ingresó en el Rhodes University College, Grahamstown, y en la Cape town Medical School (1916-1918). Marchó al Reino Unido para formarse en el St. Thomas’ Hospital y en la Escuela de Medicina Tropical de Londres. Recibió su grado en 1922. El mismo año llegó a ser licenciado del Royal College of Physicians y miembro del Royal College of Surgeons.
De Londres marchó al departamento de Medicina Tropical de la Universidad de Harvard por influencia de Andrew W. Sellards, como asistente y después como instructor contratado. En 1930 formaba parte de la División Internacional de Salud de la Fundación Rockefeller. En 1951 llegó a ser director de los Laboratorios de Medicina y Salud Pública de esta Fundación, en la ciudad de Nueva York. En Harvard desrrolló trabajos sobre la disentería amebiana y sobre la fiebre producida por la mordedura de rata. También estudió la fiebre amarilla, tema que ya le preocupaba cuando estuvo en Londres.
Desde 1900, cuando Walter Reed (1851-1902) se encontraba investigando en La Habana la fiebre amarilla, se sabía que la enfermedad era transmitida por el mosquito, especialmente por el Aedes aegypti y otros de los géneros Aedes, Haemagogus y Sabethes. Con anterioridad a 1927 Theiler y sus colegas probaron que la enfermedad no se debía a una bacteria sino a un virus filtrable, un arbovirus. En condiciones de temperatura adecuadas el virus pasaba a los mosquitos, sobre todo en zonas de África y de América del Sur. También demostró que la enfermedad se podía transmitir a los ratones blancos, sobre todo si se inoculaban por vía intracerebral, lo que abarató costes de investigación, pues los experimentos se habían realizado hasta entonces con monos. Una vez introducido el virus en los ratones se producían lesiones selectivas en su sistema nervioso; por sucesivas transmisiones, el virus perdía su virulencia cuando finalmente se inoculaba a los monos.
Se realizaron ensayos de vacunación con el virus adapatado al ratón en las colonias africanas por los franceses. Los anglosajones, por su parte, utilizaron este virus combinado con suero inmune humano. Los dos procedimientos producían algunos casos desgraciados. Esto obligó a seguir investigando hasta lograr unas cepas más atenuadas y un sustituto del suero. En un ensayo sistemático de cultivos Theiler obtuvo lo que se denominó “cepa 17D”, en la que se confirmó la atenuación de su neurotropismo. Después de varias pruebas, la cepa 17D se usó para la vacunación humana sin recurrir al suero. Se lograba así hacer frente a una enfermedad grave muy extendida en amplias zonas geográficas. La vacuna se probó durante tres años en Brasil. Posteriormente se produjeron grandes cantidades para inoculaciones masivas. Le fue concedido el Premio Nobel en 1951 por estos trabajos.
Theiler también estudió la enfermedad de Weil, el dengue y la encefalitis japonesa. Entre sus publicaciones podemos mencionar: “Studies on the action of yellow fever virus in mice” (Ann. trop. Med. parasit., 1930; 24: 249-72); “A yelow fever protection test in mice by intracerebral injection” (Ann. trop. Med. Hyg., 1933; 27: 57-77); y sus contribuiones a los libros Viral and Rickettsial Infections of Man (1948) y Yellow Fever (1951).
Recibió la Medalla Chalmer de la Royal Society of Tropical Medicine and Hygiene (londres, 1939), la medalla Flattery (Harvard, 1945) y el Premio de la Lasker Foundation en 1949.
Murió el 11 de agosto de 1972 en New Haven (Connecticut, Estados Unidos).





