Hans Berger (1873-1941) y la electroencefalografía
Tal día como hoy, pero de 1873, nacía en Neuses, cerca de Coburg (Thüringen, Alemania) Hans Berger. Su padre era el médico Paul Friedrich Berger y su madre se llamaba Anna Rückert, quien era muy aficionada a la lectura de libros sobre la relación mente-cuerpo.
Estudió en el Gymnasium de su ciudad natal. Comenzó su carrera de medicina en 1893 en la Universidad de Jena. La finalizó en 1897. Fue ayudante de Otto Ludwig Binswanger (1852-1929) en la clínica psiquiátrica de la Universidad junto con Oskar Vogt y Korbinian Brodmann. Éstos últimos tenían predilección por el estudio de la localización de las funciones cerebrales. En 1900 pasó con Binswanger al Hospital Neuropsiquiátrico, de Jena. Se habilitó en 1901 y fue ocupando diversas plazas como profesor hasta que, en 1919, sucedió a Binswanger en la cátedra de psiquiatría y neurología. A diferencia de su maestro él fue más neurólogo que psiquiatra. Ocupó cargos de gestión importantes en su Universidad: fue rector entre 1927 y 1928 y “pro-rector” entre 1935 y 1938, cuando fue nombrado profesor emérito.
Su obra fue un claro ejemplo de la búsqueda de datos objetivos, de estudiar las bases científicas del funcionamiento cerebral. De alguna manera pretendía relacionar la actividad cerebral objetiva con los hechos psíquicos subjetivos. También hay que señalar que otro motivo que le llevó a esto fue un tema muy en boga en la época: la energía cerebral. Sus trabajos estuvieron encaminados a estudiar la circulación cerebral (”Zur Lehre von der Blutzirkulation in der Schädelhöhle des Menschen unter dem Einfluss von Medikamenten”, Jena, Fisher, 1901); las manifestaciones corporales de la psique (”Über die körperlichen Äussenrungen psychischer Zustände”, Jena, Fischer, 1904-1907); la psicofisiología (Psychophysiologie in 12 Vorlesungen, Jena, Fischer, 1910) ; la temperatura del cerebro (”Untersuchungen ubre die Temperatur des Gehirns”, Jena, Fischer, 1910).
En 1902 registró la actividad eléctrica espontánea del cerebro en gatos y perros utilizando el electrómetro capilar de Lippmann. Otros científicos habían recogido con anterioridad registros eléctricos del cerebro de animales. El cirujano británico Richard Caton (1842-1926) lo hizo con monos y conejos. En Polonia trabajaban en el mismo sentido el fisiólogo Adolf Beck (1863-1939) y sus colaboradores. Berger quería explorar las fluctuaciones o cambios eléctricos del córtex cerebral que pudieran recogerse en la superficie del cráneo, pero no obtenía resultados positivos. En 1912 el ruso Pravdich-Neminsky (1879-1952) publicó un trabajo que incluía una fotografía del registro de la actividad eléctrica del cerebro y que llamó “electrocerebrograma”.
Berger investigaba en secreto y con la mayor discreción. Sin embargo, daba conferencias sobre la telepatía, fenómeno en el que creía y que trataba de explicar por la propagación de ondas; esto significó para él cierto aislamiento por parte de sus colegas. El 6 de julio de 1924 llegó a registrar directamente los potenciales eléctricos con el galvanómetro de Edelmann directamente en la corteza cerebral de un joven de 17 años durante una operación de un tumor cerebral. Después lo hizo con otro varón de 40 años en la intervención de un gliosarcoma.
Durante los siguientes años estuvo revisando sus registros (oscilaciones de tensión) y recogiendo nuevos datos de personas con heridas y traumatismos del cráneo, así como de individuos sin patología, con o sin cabellos, tomando lecturas de distintas partes y con diferentes tipos de electrodos; incluyó los que realizó a su hijo y a él mismo. Utilizó también el galvanómetro Siemens de doble espiral. Igual que Pravdich-Neminsky, halló dos tipos de ondas: las alfa y las beta. Los primeros resultados tardó en publicarlos; lo hizo en 1929 (Ueber das Elektrenkephalogramm des Menschen., Arch Psychiatr Nervenkr, 1929; 87: 527–570).
En la década de los treinta publicó varios trabajos sobre el tema que aparecieron todos, excepto uno, en el Archiv für Psychiatrie. En 1838 los resumió en un trabajo de tipo monográfico que se editó en la Nova Acta Leopoldina (Das Elektrenkephalogramm des Menschen. Nova Acta Leopoldina,Halle (Saale), 6: 173–309).
Sin embargo, sus trabajos no eran reconocidos y, lo que es peor, a veces eran ridiculizados. La situación cambió cuando fue invitado a co-presidir en 1937 el 11 Congreso Internacional de Psicología, que se celebró en París y en el que se abordó el tema de la actividad eléctrica del sistema nervioso. Fue invitado, además, a visitar los principales laboratorios del mundo donde se estuviera investigando en esta área.
Pero en los años siguientes, el nazismo y la situación política, entre otras causas, lo sumieron en una depresión. En 1941 fue ingresado en el servicio de medicina interna del Hospital de Jena donde, a los pocos días, el 1 de junio, se suicidó. El electroencefalograma no se popularizó hasta la década de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. Al conocimiento de las ondas alfa y beta se sumaron el resto que forman la gama de registro del electroencefalógrafo. Cada tipo de onda se traduce en un estado psico-neuro-fisiológico diferente.

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