Tordesillas, un año más
Una año más el vergonzoso espectáculo de “El toro de la Vega”, que algunos denominan “Energúmenos de Tordesillas”. Un anacrónico circo violento que ejemplifica lo que sucede en centenares de pueblos, ciudades, aldeas, villas y villorrios de todo el país, amparándose en la “tradición”, término con el que se justifican demasiadas cosas injustificables en una sociedad que pretende ser civilizada y moderna. Es casi imposible hacer turismo en verano por la península sin encontrarse con barreras, grupos de gente soez gritando como posesos y compuestos por individuos de derechas y de izquierdas, progres y reaccionarios, universitarios y analfabetos, acosando a indefensos animales y propinándoles todo tipo de torturas.
Un año más Rosa Montero, en El País de ayer, nos lo recordaba:
“Hemos llegado otra vez al martes negro. Hoy, en Tordesillas, como todos los septiembres, una horda de energúmenos armados con lanzas perseguirán a un toro y lo pincharán, cortarán, empalarán, atravesarán, tajarán allá donde buena o malamente le atinen con los hierros (la tripa, los riñones, la cara, el morro, el pecho y los pulmones, los costados), cientos de lanceros durante horas, en esa sádica tortura que se llama el Toro de la Vega”.
Estos espectáculos, cada vez más frecuentes, me intranquilizan y entristecen. Son el síntoma de una grave enfermedad humana.





