Sonda vesical metálica con fiador (finales s. XIX y principios del XX)
Seguimos con los instrumentos. Se trata de una sonda vesical metálica con fiador (37,5 cm). Reproducimos dos textos relativos al cateterismo explorador de la vejiga y al evacuador.
Respecto al explorador: “Para proceder a la exploración se coloca al enfermo en decúbito supino y con la pelvis ligeramente elevada; el operador a la derecha extiende la verga con su mano izquierda paralelamente al pliegue de la ingle de su lado e introduce el instrumento paralelamente a dicho pliegue hasta llegar al bulbo, en cuyo momento lleva el pene a la línea media, casi paralelo a la pared del abdomen, haciendo así que la concavidad del instrumento en vez de mirar lateralmente coincida con la línea media; no hay entonces más que bajar el miembro entre los muslos del enfermo, para que el pico penetre en la uretra posterior. Caso de no poder bajar la verga no hay que insistir, sino en todo caso recomenzar la maniobra.
Llegada así toda la parte curva del instrumento dentro de la vejiga, es fácil hacerla girar en todas direcciones, como asimismo empujarle y retirarle a favor de la distensión que la inyección en la misma de 100 a 150 centímetros cúbicos de agua provocó; con lo cual es raro que escape al choque cualquier cuerpo extraño, sobre todo los cálculos, proporcionándonos como datos complementarios los del sonido, lisura o rugosidad, tamaño y movilidad o fijeza.
Las neoplasias o rugosidades que la vejiga puede presentar, no dan sensaciones tan claras ni es prudente tratar de conseguirlas”[Vila Barberá, Medicina Exploratoria (clínica y Laboratorio), Valencia, Imprenta de José Olmos, 1936, vol. IV, 394-399]. Vila Barberá fue catedrático de Patología general con su clínica, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia.]
En lo que se refiere al cateterismo evacuador:
“La entrada de cualquiera de estas sondas en vejiga se anuncia por la salida de orina, terminando así su objetivo si deliberadamente no perseguíamos otra finalidad; pero nos interesa hacer notar que la atenta observación del modo cómo se evacua nos proporciona los siguientes datos para un diagnóstico:
1º.Confirma la existencia de un residuo vesical después de la micción voluntaria, demostrando si la vejiga es capaz de vaciarse por su propia contractilidad, bajo la influencia de la voluntad. Nos demuestra igualmente las condiciones de mayor o menor infección de tal residuo, cuya significación es tanto más patológica cuanto mayor cifra alcanza y su cito-bacteriología es más abundante.
2º. Informa acerca de la tonicidad vesical con sólo prestar atención cómo sale la orina, pudiendo calificar de vejiga normal la que vacía completamente, aun cuando el pabellón de la sonda alcance el nivel de la horizontal del pubis; vejiga deficientemente contráctil la que comenzando la evacuación en esta posición no se vacía si no desciende el extremo por debajo de pubis; y vejigas atónitas aquellas que dejan residuo si no le ayuda a la evacuación, por presión sobre pubis al mismo tiempo que se hace descender al máximo el pabellón de la sonda (lesiones medulares, distensión vesical antigua).
3º. Denuncia muy probablemente un tumor vesical, si permaneciendo colocada la sonda después de la evacuación se produce lo que se llama hematuria provocada, como consecuencia del frote de la misma contra la supuesta neoplasia.
4º. Determina la capacidad vesical inyectando después de vacía una solución ligeramente antiséptica tibia. Las vejigas inflamadas por cualquier causa no admiten los 200 ó 300 centímetro cúbicos que toleran las normales y protestan dolorosamente desde los 100, los 50 y aún mucho menos. Al contrario, los tabéticos, cuya vejiga está anestesiada, no experimentan la necesidad de orinar hasta los 700 u 800 inclusive. Lo mismo les ocurre a los antiguos retencionistas por prostatismo, si lograran mantener aséptica la orina.
5º. La sensibilidad al contacto la manifiesta la vejiga por la protesta que le despierta el cuerpo extraño, sonda e explorador; tanto más intolerable cuanto menos blando y flexible es el instrumento que contacta.
6º. Finalmente, cuando la sonda introducida en la vejiga deja penetrar líquido que se le inyecta, no dejando salir igual cantidad, por interrupción del chorro y no por adelgazamiento progresivo, denota que algo tapa el orificio de modo brusco, cual una válvula, signo de la válvula de Marión. La interpretación es que un coágulo o una franja de tumor más o menos pediculado, ciega la luz.” [Vila Barberá, Medicina Exploratoria (clínica y Laboratorio), Valencia, Imprenta de José Olmos, 1936, vol. IV, 394-399]. Vila Barberá fue catedrático de Patología general con su clínica, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia.]

Imágenes: Museo de Historia de la Medicina y de la Ciencia, Universitat de València - CSIC
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