Homenaje de los estudiantes de medicina de Valencia a Darwin (1909). Parte 3
Insertamos el tercer artículo, que se publicó en El Radical el 3 de febrero de 1909:
“Un revolucionario de la ciencia
Homenaje a DarwinLa docta sociedad Academia Médica-Escolar, compuesta por estudiantes distinguidos de esta facultad de Medicina, ha organizado un homenaje para el gran fisiólogo Carlos Darwin, el centenario de cuyo nacimiento se celebrará el día 12 de Febrero del corriente año.
Sabios catedráticos de las universidades españolas han enviado su adhesión a la Academia Médico-Escolar valenciana.
De esperar es que el centenario a Darwin resulte una patente prueba de que la clase intelectual, en su mayoría enemiga de mojigatería y arcaísmos, se fija tan sólo en las teorías que tienen su manantial en la idea pura de la Ciencia.
A continuación insertamos el artículo exposición en la que la clase escolar médica de Valencia da cuenta de sus propósitos:
“Cual relámpago que con efímera luz alumbra momentáneamente, así cruzó por el cerebro de genios de épocas pasadas la idea de que todos los organismos existentes y extintos pusiesen derivar por sucesivas transformaciones de un corto número de formas primitivas y sencillas.
Chispazos evolucionistas encontramos ya a finales del siglo XVIII en las obras de Herder y Goethe; más tarde Erasmo Darwin hace entrever en una de sus producciones la posibilidad de la transformación de las especies; y mientras Lamarck, por vez primera en 1809, negaba rotundamente en su Filosofía de la Zoología la perpetuidad de las especies, nace en Shrewabvry (Inglaterra) el apóstol del transformismo, Carlos Darwin, y las ideas evolutivas que cruzaron veloces, sin apenas dejar huella en el cerebro de su padre, aparecen en él transmitidas por ley de herencia, cristalizando en grandiosa concepción sublime pensamiento: La teoría evolucionista.
Su espíritu de observador sagacísimo acopió sinnúmero de datos y observaciones en sus viajes; su inteligencia de genio encontró la trabazón que los unía, vislumbrando leyes orgánicas desconocidas.
Su obra fundamental y primera, El origen de las especies, es el fruto d más de 28 años de labor ímproba, constante, de lucha titánica de su inteligencia en el vasto arsenal de su observación y experiencia.
Pocos libros dice Vaccaro, han producido una revolución tan profunda en la ciencia como éste. Las verdades contenidas en esta famosa obra hubieran, a su pesar, encomirado obstáculos insuperables, si el gran naturalista no hubiese tenido la táctica de callar todo lo referente a la especie humana.
A este propósito, dice también Mantegazza, que Darwin supo adivinar con mirada de águila que su teoría, tan nueva y atrevida, expuesta en esta obra era preciso para ser aceptada que permaneciera fuera del terreno ardiente del sentimiento y que en todas sus aplicaciones olvidara al hombre, para que su discusión fuera científica y no apasionada. Y así lo hizo con elocuente silencio.
Nueve años más tarde vio la luz pública Las variaciones de las plantas y de los animales domésticos, y en 1871, cuando ya había logrado infiltrar en el cerebro de los hombres de ciencia sus ideas evolutivas , publica su obra El origen del hombre, digno epílogo a su genial empresa.
Al mismo tiempo, Vallace y Huxley llegan a conclusiones parecidas a las de Darwin, ignorando mutuamente sus trabajos, y el sabio alemán Haeckel, darwinista entusiasta, coopera con todas sus fuerzas a tan colosal obra.
Como dice muy bien la Academia Nacional de Medicina de Caracas, a propósito del homenaje que prepara, “la obra de Charles Darwin representa el esfuerzo más fecundo de la inteligencia humana en la investigación de la verdad”. Su labor no fue labor erudita que resuelve problemas circunstanciales y secundarios, sino trabajo gigantesco, positivo, con el que da cima a una orientación realmente científica, racional, ha tiempo iniciada y sostenida por la inteligencias del corte de un Lamarck, de un Goethe. Ella representa, dentro de las ciencias naturales, toda una revolución, al paso definitivo del empirismo y doctrinarismo metafísico al racionalismo, que tan tremendo golpe había de acostar a las viejas y absorbentes preocupaciones religiosas de la época, creando un conflicto más entre la ciencia y el dogma. Por esto el sabio naturalista , conocedor de la trascendencia social de su obra, tuvo que callar en un principio todo lo referente al hombre, temeroso de que la ignorancia y el fanatismo la aplastasen.
Con ella fecundó el yerto campo de la Biología, raquítico y pobre; ensanchó sus dominios hasta entonces limitados, barriendo con ímpetu las deleznables murallas de las doctrinas teleológica y dualista, y a sus impulsos vivificadores creció lozana y esplendorosa la nueva Sociología, más humana y racional que aquella otra, hija de las lucubraciones de unos cuantos espíritus modelados en viejos troqueles.
El darwinismo no representa toda la teoría evolutiva, como algunos suponen, porque los límites de ésta no se circunscriben al reino orgánico, sino que se extienden a lo inorgánico y a lo sidéreo; por tanto, el primero no es más que un segmento pequeño de la misma, como muy bien dice nuestro maestro Peregrín Casanova.
La labor del sabio naturalista inglés sólo ha venido a completar, dentro de lo orgánico, una concepción ya expuesta y definida, pero no delimitada hasta él. Lamarck, con su ley de adaptación al medio; Cuvier, con su ley de la herencia, son geniales colaboradores, aunque el último inconscientemente, de esta gran obra, terminada por Darwin con su ley de selección.
Naturalistas posteriores se han encargado de perfeccionarla y ampliarla; a la cabeza de ellos está el ilustre y sabio profesor que fue de la Universidad de Jena, Ernesto Haeckel.
La teoría de la evolución ha tenido gran número de adversarios; ¡tiene todavía!
Mas ¿qué es de extrañar esto cuando Leibnitz atacaba la teoría de la gravitación universal por creerla subversiva a la religión? El transformismo –dice Denoy- no podía librarse del anatema que saluda a toda idea lo suficientemente nueva para conmover una ciencia hasta sus bases.De día en día disminuyen sus adversarios, de día en día van haciendo concesiones sus más encarnizados enemigos, y lenta, paulatinamente, por evolución, penetra la teoría evolutiva en todos los cerebros. Y si no, al tiempo. Venga otra que explique mejor ese cómputo de fenómenos que se han sucedido y suceden en torno nuestro, y a ella nos ampararemos. Mientras tanto, ella , según nuestro parecer, es la que más satisface las ansias de nuestro intelecto cuando despliega sus alas y se hunde en la oscura noche del pasado.
El 12 de Febrero del presente año cúmplese el primer centenario del nacimiento de Carlos Darwin; la clase escolar valenciana, siguiendo el ejemplo de corporaciones y entidades científicas de todos los países, debe aprestarse a organizar en honor del más genial naturalista el homenaje merecido.
Ni nuestra modesta significación social como clase escolar, ni la humildad de nuestra inteligencia como discípulos, ni nuestros escasos recursos como pobres, corporativamente considerados, debe arredrarnos en la realización de tal idea.
Abandonemos pesimismos que matan, letales indiferencias que nos petrifican y trabajemos juntos y con ardor por ella, que ya nos prestarán su imprescindible apoyo nuestros maestros, y la Valencia progresiva y culta, que tantas pruebas tiene dadas de su amor a la ciencia positiva y racional, no dejará también de sumarse complaciente a nuestra empresa.Considerad todos vosotros, los que blasonáis de rendir fervoroso culto a la razón y a la ciencia, que el espíritu intelectual de la clase apenas tiene manifestación pública de vida, y deducid la gran importancia que para nosotros ha de tener esa obra, con la que rectificaremos torcidas opiniones acerca de nuestro pensar y desvaneceremos juicios bien poco halagüeños para nuestra cultura y progresismo.
Por otra parte, no olvidar también, como dice en su Biología nuestro ilustrado catedrático D. Peregrín Casanova, que en nuestro país, desgraciadamente, pocos conocen a Darwin, menos le han leído y muchísimos menos le comprenden, y a pesar de esto su nombre es para muchas gentes sinónimo de diablo.Comprenderéis, pues, la doble necesidad de rendir alguna muestra de admiración al eximio naturalista, con el fin, no sólo de darle a conocer a los que desconozcan, sino de vindicar su nombre ultrajado por la ignorancia y sectarismo”".
El Radical 3 de febrero de 1909
Las cursivas son las del original.

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