Sobre las creencias de tipo médico

En el British Medical Journal del 17 de diciembre se publica un artículo (Festive Medical Myths) que habla de la evidencia de algunos mitos de tipo médico que no sólo son aceptados por el gran público sino que también lo son por buena parte de los profesionales de la salud. Ellos se refieren a los siguientes: “El azúcar hace a los niños hiperactivos”, “Los suicidios aumentan durante las vacaciones”, “La planta de la navidad o de pascua (Poinsettia) es tóxica”, “Con el frío perdemos calor corporal por la cabeza”, “Comer de noche nos engorda”, “Las resacas se pueden curar”.

Rachel Vreeman y Aaron Carroll, pediatras y profesores de la Universidad de Indiana (Indiana University Medical School), han buscado evidencias científicas sobre estas ideas o creencias y no han hallado ninguna. Según ellos, todas son falsas. Los anglos son en exceso etnocéntricos y esperemos que no crean que estas afirmaciones son universales. Algunas no las había escuchado nunca. Estos autores también publicaron el año pasado, el 22 de diciembre, en el mismo British Medical Journal otro trabajo similar. En este caso los mitos eran los siguientes: “Las personas deberían beber al menos ocho vasos de agua diarios”, “Sólo usamos el 10 por cien de nuestro cerebro”, “El cabello y las uñas siguen creciendo después de la muerte”, “El afeitado hace que el pelo crezca más rápido, más fuerte y más negro”, “Leer con poca luz estropea la vista”, “Comer pavo provoca apatía y somnolencia”, “Los teléfonos móviles provocan interferencias electromagnéticas en los hospitales”.

Creencias de este tipo, no obstante, abundan también en nuestro medio y el personal sanitario, en buena medida, tampoco es ajena.

Si situamos el tema en el contexto de las ideas, creencias y prácticas relativas a la salud y la enfermedad de cualquier grupo humano nos será fácil comprender esto de los “mitos”. El hecho de que muchos profesionales de la salud no sean inmunes a ellos también es comprensible, ya que están integrados en esa sociedad y es difícil evitar cualquier influencia de la misma. En el terreno médico muchas de estas creencias tienen su origen en el galenismo, que durante siglos fue “medicina oficial”, y que todavía sobreviven tal cual o modificadas en el seno de la sociedad actual. Muchas de estas se hacen explícitas en dichos, sentencias y refranes populares, aunque algunos tienen su origen en la literatutra culta. La ciencia, a veces, también es responsable de expandir ideas y creencias de este tipo. Otras veces se trata de ideas científicas mal entendidas pero que acaban triunfando entre la población, difundidas a través de los medios de comunicación o por el procedimiento boca a boca o boca-oreja.

El conocimiento científico, por suerte, no sustituye al conocimiento ordinario, repleto de creencias, empirismo y experiencia. Convive con él. Y en el fondo es un alivio saber que los científicos no se abstraen del todo de la cosmovisión en la que se han socializado. Sería interesante estudiar cómo surgen esas creencias o cuál es su origen, cómo se modifican y cómo se difunden, y también, porqué no, su falsa justificación científica.

Artículo: Medical myths, BMJ, 2007; 335: 1288-12 y Festival Medical myths, BMJ, 2008; 337: a2769. Ambos de Rachel C. Vreeman y Aaron E. Carroll.

Flor de pascua

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