Homenaje a Darwin de los estudiantes de medicina de Valencia (1909). Parte 11
Iniciamos el nuevo año con la transcripción de otro artículo que apareció en la prensa con motivo del Homenaje que los estudiantes de medicina valencianos rindieron a Charles Darwin en 1909:
Homenaje a Darwin
Discurso de Unamuno
Fiesta solemne, de esplendidez singular la celebrada anoche en honor del inmortal naturalista, del filósofo insigne que en concepción altísima, soberana, afirmó la superioridad del hombre en la creación.
La Valencia intelectual libre de prejuicios y la masa desprovista de impurezas fundieron ayer sus almas para elevar su sagrado incienso hacia las serenas y sublimes regiones de la razón soberana.
No faltó en aquel recinto de la ciencia el elemento femenino, que tuvo distinguida y numerosa representación.
Damas, catedráticos, autoridades, escolares, representaciones diversas del saber, Prensa, corporaciones y del pueblo, llenaron el local y apretujados, estrujados materialmente celebraron la excelsa fiesta del espíritu, nutriendo su inteligencia con las preciadas ofrendas de doctos maestros de la cátedra y con los destellos esplendorosos del cerebro superior de Unamuno.
Ocupó la presidencia el distinguido catedrático de Medicina D. Peregrín Casanova a cuya derecha tomó asiento el ilustre profesor de Medicina D. Juan Bartual y el sabio catedrático de Historia Natural D. Eduardo Boscá.
El presidente declaró abierto el acto y concedió la palabra al Sr. Bartual.
Dr. Bartual
Después de exponer en breves palabras las razones que le indujeron a tomar parte en el homenaje, comienza recordando el doloroso proceso que en su juventud le produjeron los primeros estudios científicos, al sufrir su alma, esto es, los primeros efectos de la duda, la creadora de la verdad científica. No impunemente se rompe el quietismo y petrificación de los centros.
Dejando aparte la parte técnica de la teoría evolutiva pasa a demostrar que la pretendida oposición entre ella y el socialismo es falsa.
Al contrario, a la evolución se debe la prueba más patente de que todos somos iguales, hombres, animales y plantas.
La lucha por la existencia y triunfo del más fuerte no es el reconocimiento y consagración del más refinado egoismo, sino que al igual que el átomo de oxígeno no desdeña o siente ira del glóbulo rojo, sino que ambos, capacitados de su misión, contribuyen desinteresadamente a la constitución y a la vida del hombre, de los de arriba no deben desdeñar a los de abajo ni estos odiar a aquellos, sino que, ayudándose, contribuir al progreso de la sociedad, entidad superior al individuo.
Pronuncia párrafos bellísimos presentando al Sr. Unamuno, y al terminar el cultísimo catedrático es objeto de una estruendosa ovación.
Dr. Boscá
A continuación se leyeron por el Sr. Lucas, secretario de la Asociación Médico Escolar, unas hermosísimas cuartillas del Dr. Boscá (D. Eduardo), en que nos pinta el proceso que la especie humana ha seguido para salir de la animalidad y llegar al estado actual, y comparando de paso o mejor dicho estableciendo el paralelismo entre la diferenciación de las extremidades torácicas humanas, que tanto han contribuido al progreso del hombre con los órganos bucales de los insectos hemenópteros.
Tan hermoso trabajo fue premiado con una calurosísima ovación.
El presidente, tras de elogiar merecidamente al sabio catedrático de Salamanca, le cedió la palabra y fue este saludado con gran ovación.
El Sr. Unamuno
“Señoras y señores: No tiene el Sr. Casanova ni tenéis vosotros por qué agradecerme las molestias que he sufrido al venir a esta ciudad de un sitio lejano, porque yo acudo a todas partes; pero sobre todo, cuando presumo que es batalla acudo imprescindiblemente.
Sois vosotros, los estudiantes valencianos los únicos que han ideado una cosa de esta augusta religiosidad -porque este acto, más que otra cosa, es un acto de religiosidad -, y me alegro que por circunstancias imprevistas hayáis tenido que citarme en estos días en que por todas partes hay estallido de superficialidad. (Muy bien).
Vais a rendir un homenaje a uno de los hombres más grandes, por la nobleza del corazón casi que por la excelsitud de la mente, de uno de los hombres más grandes que ha producido la humanidad, singularmente en el siglo pasado, que puede llamarse el siglo del evolucionismo y de la libertad. (Muy bien).
En el año 1859, a los 50 años de su edad, publicó Darwin su libro “El origen de las especies”. Al llegar a esta edad, la mayor parte de las gentes han hecho ya todo lo que tenían que hacer, sobre todo si son literatos.
………
………Yo recuerdo cuando era estudiante que la idea era concebir la evolución a veces en serie lineal como si las actualmente existentes procedieran unas de otras y en una línea recta, como es corriente en España, sobre todo en las especies políticas.
Estas especies son como brotes terminales de un árbol, claro es en cuanto esta, doctrina es transformista y no digo estrictamente darwinista, porque la doctrina misma del transformismo está sujeta a evolución y los más genuinos representantes de Darwin son los que le han corregido y puede decirse que son más darwinistas que el mismo Darwin: ¡como no era un papa, no existía la infalibilidad!
…
Yo me acuerdo que en mi propio pueblo habiendo acordado el Ayuntamiento que para una biblioteca se recibiera un número de obras entre ellas una de Darwin, un concejal indignado dijo:
-Si ellos se jactan de venir del mono, yo no.
Y entonces yo le contesté:
-No es malo venir de él: lo malo es ir a él (grandes risas).
Unamuno terminó este periodo añadiendo:“Quizás entre los antepasados del concejal no exita el mono, pero es posible que lo haya entre sus descendientes.
…..Y este elemento de variación nos lleva a la guerra y hay pocas cosas más antas que la guerra y actualmente en este país en que más hay que predicar la santidad de la guerra, cuando hay alguien que se jacta de haber traído la paz de los espíritus que es la muerte y es el retroceso.
Darwin, en uno de sus cantos más hermosos, hablaba del día en que los hombres considerados entre sí, se unan para hacer una especie de guerra a la naturaleza.
Los hombres deben hacerse la guerra unos a otros. Lo que hay es saberla hacer y hacerla santamente: primero la guerra consigo mismo.
Aquí nos ha hablado el Sr. Bartual de la época en que él sintió los primeros sobresaltos de la duda. ¡Si yo os hablara de esto! Es una época que dura años y espero que no acabará nunca. Toda la vida es un combate y un comabte primero consigo mismo y luego un combate con los demás.
Y aquí hace falta guerra, tal vez una guerra civil, si no a tiros, de otra manera: sería lo que más pronto nos salvara. Y aún hay más, y es que esta guerra es lo que más prontamente o, sobre todo, lo que más hondamente lleva a una verdadera y santa solidaridad. Nada une a los hombres más que la guerra. El más noble y fecundo de los abrazos es siempre el que se dan los combatientes sobre el campo de batalla, y así realmente se progresa con un proceso de imposición mutua tratando cada cual no de conservarse, sino por invadir y teniendo una ética invasora, una ética agresiva, una ética afirmadora.
El proceso defensivo, el proceso de conservación tiene una ética negativa que dice: “No matarás”, “No hurtarás”, “No mentirás”, “No fornicarás”, y es menester llegar a decir: en vez de no matarás, acrecientarás la propia vida y la de los demás. En vez de no hurtarás, tendrás que enriquecer tu propiedad y la ajena. En vez de no mentirás, dirás la verdad, que son dos cosas muy distintas, siempre y en todas circunstancias. Y en vez de no fornicarás amarás a tu mujer… (resuena una gran ovación que impide oír el final del párrafo).
…..
…..Tal vez alguno de vosotros haya leído en un apólogo que quizá no es prudente citar aquí, era, pues, un corral de gallinas; las gallinas y los gallos se sentían muy a gusto: ni volaban ni sentían apetito de volar. Alguna vez cruzaban el cielo palomas. Las gallinas se decían: ¡Bah! Desde que el hombre inventó la escopeta, qué poco sirve volar; lo mismo le cazan a uno.
Cuando ocurrió que cayó un águila en el gallinero y la emprendió con algunas de las compañeras a picotazo límpio.
¡Nada, que hay que volar!
Algunas consiguieron levantar el vuelo.
Al cabo de algunas generaciones y de unas cuantas águilas obtuvieron gallinas voladoras; y cuando ya volaban, daban las gracias a aquel animal tan molesto, que tanto fastidiaba a sus abuelos.
Y esta es la labor de todos los que tienen que ir en una forma o en otra, machacando contra la rutina e imponiéndose a los hombres-gallináceos o a las gallinas de la especie humana para que vuelen, aún cuando no sientan apetito de volar.
Y esta marcha, en el orden social, es una marcha de conciencia que cada vez hace las cosas con más conciencia, esto es, dándose cuenta completa de todo lo que uno hace.
Y ahora sí que habréis de permitirme que entre un poco en la región del sueño.
Yo me he figurado siempre por una concepción acaso demasiado exagerada, que la materia es un medio para la vida, la vida es un medio para la conciencia es un medio para Dios. Tal vez lo muerto, lo que nosotros llamamos muerto, viene de lo vivo. ¿Quién sabe si lo que llamamos inconsciente no tiene alguna forma más o menos vaga, de la conciencia también? Hay un móvil íntimo en todo hombre que se siente hombre, en todo hombre que ha estado luchando con eso que se cree una meditación y es la bendición más grande. Eso que se llama la duda, eso que se llama el tormento, la inquietud interior, es un apuntamiento de la Divinidad, como dice uno de los más característicos escritores nuestros”
(Murmullos de aprobación)
Terminó su brillante oración el ilustre rector de la Universidad salmantina, diciendo:
“Y vosotros que habéis rendido este homenjae al que contribuyó a enriquecer la conciencia humana, a hacerla más compleja, más intensa, más clara -y que yo no sé si alguna vez no soñó con algún Universo consciente- vosotros habéis hecho más por crear aquí una conciencia colectiva, por hacer que la muchedumbre sea pueblo, pueblo que tenga una idea, que a todos, a una y a otra porción de gentes que hacen obra, más de poder que de sustancia, dentro de dos días- y voy a terminar, no quiero ser pesado. (No, no)-se nos dirá: “Acuérdate, polvo, de que eres hombre y de que por la humanidad has de volver a Dios, puesto que a Dios llevas dentro del alma”.
(Una ovación ruidosísima y que duró muchos minutos acogió las últimas palabras del orador).Doctor Casanova
El Sr. Casanova leyó un discurso ensalzando a Darwin, y de las teorías de éste dedujo conceptos científicos y consideraciones que por su valentía y alto espíritu innovador arrancaron al público nutridos aplausos.
Hizo ensalzar la importancia del acto en estos infortunados tiempos de general debilidad e hipocresía, y tras de elogiar al eminente pensador Sr, Unamuno y dar las gracias a éste y al público, dio por terminado el acto entre los aplausos de la concurrencia.
Tan importante velada honra a la Academia Médico-escolar que la organizó y fue como aire puro aquel templo de la ciencia.
Conferencia
Invitado por el Ateneo Científico, hoy a las siete de la tarde dará una conferencia don Miguel de Unamuno, en el Paraninfo de la Universidad.
Se utiliza este local porque el del Ateneo resultaría insuficiente, dado el numeroso público que seguramente asistirá.
El Pueblo, 23 de febrero de 1909.
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