historia de la medicina - biografías

 
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Aureliano Maestre de San Juan (1828-1890)

Podemos decir que la actividad en torno a la patología y la medicina interna en España durante la primera mitad del siglo XIX dependió de la asimilación de las aportaciones del extranjero. La histología y la histopatología cobraron fuerza en nuestro país tras la revolución de 1868; en el periodo anterior apenas es posible encontrar publicaciones sobre el tema. En la tarea colaboró la generación de anatomistas nacida hacia 1810 que fue capaz de recuperar los hábitos del trabajo científico que tan descuidados habían estado por una serie de circunstacias sociales, políticas, económicas, etc. Uno de estos fue Aureliano Maestre de San Juan.

Aureliano Maestre de San Juan

Aureliano Maestre de San Juan nació en Granada en 1828. Estudió medicina en Granada y Madrid, licenciándose en 1847. Desde un principio, por influencia de Marcos Viñals Rubio -el único anatómico español de la primera mitad del siglo XIX digno de mención-, mostró interés en los saberes morfológicos.

Ejerció la medicina y la cirugía hasta que, en 1860, ganó por oposición la cátedra de anatomía de la Facultad de Medicina de Granada. Desde entonces se consagró a la histología y hoy se le considera como su cultivador más destacado hasta la etapa de Ramón y Cajal. Entre 1863 y 1867 completó su formación en varios centros de Francia, Alemania, Gran Bretaña y los Países Bajos. Según López Piñero, su verdadero maestro fue un discípulo de Charles Robin, el venezolano Carlos Ordoñez, que residía en París. La influencia de la escuela francesa fue muy intensa al principio, hasta que asumió los principios de la escuela alemana encabezada por Rudolf Virchow.

Antes de centrarse en la histología publicó varios trabajos sobre problemas médicos. En 1849 tradujo el tratado anatómico de Joseph E. Pétrequin. Allí ya hizo referencia en una nota a un cuadro de hipogonadismo-anosmia. Más tarde, en 1856, en la revista El Siglo Médico describe el cuadro como una falta total de los nervios olfatorios con anosmia, en un sujeto en quien existía una atrofia congénita de los testículos y del pene. Entresacamos los párrafos más destacados:

"En el año de 1849 se condujo a los anfiteatros anatómicos de la facultad de medicina el cadáver de un sujeto como de 40 años de edad, de estatura regular y bien conformado en la generalidad. Al hacerle la autopsia, llamó sobremanera la atención del ayudante que la iba a practicar, el existir en dicho individuo una atrofia congénita de los testículos y miembro viril, en virtud de lo cual fue llamado para hacerse cargo de aquella notable pieza el conservador preparador de los museos anatómicos, acompañándole como ayudante del departamento, el que escribe estos renglones.
Entonces, después de abierta la cavidad abdominal, separé la pelvis de la columna vertebral por el fibrocartílago que existe entre la cuarta y quinta lumbar, y cortando los demás tejidos obtuve la pelvis aislada, llevando consigo los miembros inferiores, los cuales seccioné después por el tercio medio del muslo....

...El miembro viril de este individuo se hallaba bien conformado, pero su longitud era de unas 14 líneas, no excediendo en volumen los testículos al de una habichuela mediana.

Luego que se separó la pieza, cuya descripción queda hecha, procedí a abrir el cráneo por el método ordinario, incidiendo la duramadre del modo generalmente admitido, después que hube separado la bóveda craneal, enseguida corté la inserción de la hoz del cerebro a la apófisis crista-galli, y ¡cuál fue mi sorpresa al levantar los lóbulos anteriores del cerebro, y no ver en su cara inferior los nervios olfatorios, o mejor dicho, el tronco o pedículo de dichos nervios, y su ganglio o bulbo! Entonces redoblé el cuidado para hacer la extracción de la masa cerebral sin deterioro de ninguna especie, y observando el punto de donde nacen los nervios del primer par, es decir, la parte inferior e interna del lóbulo frontal delante de la sustancia perforada de Vicq d'Azyr, no pude percibir ninguna de las tres raíces, y ni aun tampoco señal alguna del surco antero-posterior y rectilíneo que forman por su aplicación las dos pequeñas circunvoluciones satélites del nervio del olfato. No encontrando ninguno de ambos nervios olfatorios en la cara inferior del lóbulo frontal del cerebro, procedí a reconocer detenidamente las meninges cerebrales, las cuales no presentaban nada notable, puesto que la piamadre y la aragnoides se prolongaban cubriendo los puntos conocidos, y ésta última y la duramadre se dirigían como si efectivamente existieran los filamentos terminales del primer par; pues formando pequeñas vainas marchaban hacia los agujeros de la lámina cribosa del etmoides perdiéndose en ellos, los cuales eran en menor número de lo que corresponde al estado normal; abiertas algunas de estas pequeñísimas vainas, estaban vacías, y a los lados de la apófisis crista-galli no se percibía vestigio ninguno del ganglio o bulbo olfatorio. Este notable cerebro se conserva por maceración en alcohol, formando parte de la colección de piezas naturales últimamente adicionadas al catálogo, y señalado con el número 190 del Museo de la facultad...

Con el objeto de utilizar para la ciencia este notabilísimo caso, traté a toda costa de averiguar algo acerca de las facultades olfatorias de este sujeto, y afortunadamente supe por una hermana del mismo (que después marchó a Extremadura), que su hermano Antonio nunca había tenido conciencia de los cuerpos olorosos, y así que era notable el cómo podía permanecer en cualquier paraje, aunque el olor en aquel punto fuera intolerable".

En 1872 publicó el Tratado de anatomía general... precedido del conocimiento y manejo del microscopio, de la preparación y conservación de objetos micrográficos. Vinieron después dos nuevas ediciones renovadas y con otros títulos.

En el siglo XIX era habitual para un profesor alcanzar la cima académica ocupando un puesto en Madrid. Maestre de San Juan se presentó a las oposiciones a la cátedra de segundo año de anatomía. No las ganó pero logró impresionar al tribunal y, de forma especial, a Rafael Martínez Molina, verdadero creador del Instituto Biológico y defensor de las teorías histológicas de Charles Robin. Este hecho, unido a su prestigio, hizo que se creara la primera cátedra de histología en la Facultad de Madrid, en 1873. La ocupó por concurso y desarrolló una ejemplar labor docente teórica y práctica. En su laboratorio se formaron muchos médicos españoles. Entre ellos Cajal durante la realización del doctorado en 1877. Allí pudo ver por vez primera preparaciones micrográficas y el propio Maestre apadrinó su ejercicio de doctorado sobre la patogenia de la inflamación. En sus Recuerdos, Cajal se refiere a la impresión que le produjo esta relación inicial en los siguientes términos: "Sugestionado por algunas bellas preparaciones micrográficas que el doctor Maestre de San Juan y sus ayudantes (el doctor López García, entre otros) tuvieron la bondad de mostrarme, y deseoso por otra parte de aprender lo mejor posible la anatomía general, complemento indispensable de la descriptiva, resolví, a mi regreso a Zaragoza, crearme un laboratorio micrográfico". Otro de los que frecuentó el grupo fue Leopoldo López García, quien más tarde se formó con Ranvier en París, fue ayudante de Maestre en Madrid y obtuvo después la cátedra de histología de Valladolid.

A Maestre se debe también la fundación de la Sociedad Histológica Española en 1874 que supo ser integradora de los esfuerzos de los cultivadores de la disciplina y afines. Entre sus miembros más activos podemos citar al cirujano Federico Rubio, el oftalmólogo Francisco Delgado, el otorrino Rafael Ariza Espejo y a Andrés Busto.

En 1879 publicó el Tratado de histología normal y patológica, precedido de un resumen de técnica histológica. Unos años más tarde, en 1885, salió otra edición con el título Tratado elemental de histología normal y patológica, precedido de un resumen de técnica de laboratorio.

Lamentablemente Maestre en 1888 sufrió un accidente de laboratorio que lo dejó ciego. Un año y medio más tarde (1890) moría en Alicante casi olvidado y en la pobreza. Aparte de los ya mencionados, dejó discípulos como Manuel Tapia Serrano, que optó por el ejercicio privado de la histopatología y a Eduardo García Solá y Leopoldo López García, que se dedicaron a la enseñanza. La última vez que estuvo con Cajal con Maestre fue en 1887, durante una estancia en Madrid con motivo de un tribunal de oposiciones. Se entrevistó con López García, que le mostró "las últimas novedades técnicas de Ranvier" y con el propio Maestre. En sus memorias, Cajal le dedicó un emocionado recuerdo:

"El buenísimo de don Aureliano, a quien tanto venerábamos sus discípulos, sucumbió a las resultas de un accidente de laboratorio. Una salpicadura de sosa cáustica, producida por la ruptura de un frasco, determinó la pérdida de la vista, a que siguió una pasión de ánimo tan grande, que arrebató en pocos meses al maestro. Fue el doctor Maestre un excelente profesor que sabía comunicar sus entusiasmos a quienes le rodeaban. Yo le debo favores inolvidables. Tras haberme apadrinado en la ceremonia de la investidura de doctor, me animó insistentemente durante mis ensayos de investigador, fortaleciendo mi confianza en las propias fuerzas. Las cartas con que acusaba recibo de mis publicaciones constituían para mí tónico moral de primer orden".

Hoy se conoce al epónimo de varias formas e incluye otros nombres que completaron la descripción. Curiosamente no se emplea en España, pero sí en Estados Unidos. Se puede encontrar en Medline:

Síndrome de Morsier
Síndrome de Morsier-Gauthier
Síndrome de Kallmann-Morsier
Síndrome de Maestre-Kallmann-Morsier
Síndrome de Maestre de San Juan-Kallmann
Síndrome de Maestre de San Juan-Kallmann-Morsier

Un desorden congénito de la función hipotalámica y una actividad gonadotrópica disminuida resultan en la asociación de hipogonadismo, eunucoidismo y anosmia. Otras anormalidades clínicas observadas incluyen retinitis pigmentosa, ceguera al color, defectos medio e intracraneales, hipertensión, obesidad, criptorquidia, osteopenia, leve hipoacusia neurosensorial, ginecomastia, diabetes mellitus, labio o paladar leporino y retraso mental. La anosmia se debe a la degeneración del bulbo olfatorio. Afecta a ambos sexos pero es prevalente en varones (3:1). En su mayoría la herencia es autosómica dominante, pero se conocen casos de herencia recesiva y ligada al cromosoma X. Existe la posibilidad de la mujer portadora.

José L. Fresquet. Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación (Universidad de Valencia- CSIC). Septiembre, 2002.

Bibliografía

—Doménech i Llaberia, E. Un aspecte poc conegut de l'obra d'Aureliano Maestre de San Juan: la seva tesi sobre el suicidi (1851), Gimbernat, 1990, 13 , 65-80.

—Laín Entralgo, P. Historia de la Medicina moderna y contemporánea, Barcelona-Madrid, Científicomédica, 1963.

—López Piñero, Aureliano Maestre de San Juan, En: Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, 2 vols., Barcelona, Península, vol. 2, 11-12.

—López Piñero, J.M. Cajal. Barcelona, Salvat, 1985.

—Ramón y Cajal, S. Recuerdos de mi vida. 3ª ed.. Madrid, Juan Pueyo.

Obras de Maestre de San Juan

Teratolagía: falta total de los nervios olfatorios con anosmia en un individuo en quien existía una atrofia congénita de los testículos y miembro viril. El siglo medico, Madrid. 1856: 211.

Tratado de anatomía general... precedido del conocimiento y manejo del microscopio, de la preparación y conservación de objetos micrográficos, Madrid, Moya y Plaza, 1872.

Tratado de histología normal y patológica, precedido de un resumen de técnica histológica. Madrid, Moya y Plaza, 1879.

Tratado elemental de histología normal y patológica, precedido de un resumen de técnica de laboratorio, Madrid, Moya, 1885.