historia de la medicina - biografías

 
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Andrés Vesalio (1514-1564)

Hasta el siglo XVI la medicina seguió teniendo un planteamiento tradicional y se apoyó básicamente en el galenismo. La primera disciplina médica que se independizó de estos supuestos fue la anatomía. A finales del siglo XIII se inició en Bolonia la práctica regular de la disección de cadáveres que se propagó a Padua, Montpellier y Lérida. La finalidad era comprender mejor la obra de Galeno, que no se ponía en duda. Pero la observación independiente fue abriéndose camino poco a poco. Los comienzos del siglo XVI trajeron a esta disciplina nombres tan destacados como Gabrielle Zerbi o Gerbi y Alessandro Achilini, que introdujeron juicios y descripciones propias basadas en su experiencia. Hay que mencionar también a Berengario da Carpi quien, descontento con las descripciones tradicionales, escribió su propio tratado, y al español Andrés Laguna, que en su Anatomica methodus.. (1535), incorpora observaciones personales realizadas en las disecciones de cadáveres. A todos se les considera autores de la época prevesaliana, lo que significa que la obra de Vesalio fue decisiva. Efectivamente según los principales historiadores de la medicina, lo fue, y de ello nos ocupamos a continuación.

Andrés Vesalio

Andrés Vesalio o Andreas Vesalio nació el 31 de diciembre de 1514 en Bruselas. Procedía de una estirpe renana consagrada en sus últimas generaciones al servicio médico de los emperadores de Alemania. Recibió su primera educación en Bruselas y Lovaina donde, entre otras materias, aprendió latín, griego, árabe y hebreo. Parece que admiró desde pequeño la obra biológica de Alberto Magno y también tuvo cierta tenencia a la disección de animales.

A los dieciocho años se trasladó a París para estudiar medicina. Allí permaneció durante tres años (1533-1536) en un ambiente en el que prevalecía el galenismo. La enseñanza de la anatomía corría a cargo de Jacobo Silvio y Günther von Andernach. Este último tradujo la obra de Galeno De anatomicis administrationibus y publicó un tratado de disección (Institutionum anatomicarum libri quatuor, 1536) Silvio utilizaba como libro de texto el De Usu partium de Galeno, aunque suspendía la enseñanza a la mitad del primer libro por considerar que era demasiado difícil para los estudiantes. Descontento Vesalio, pero profundamente seducido por la anatomía, trató de completar su formación osteológica con huesos sustraídos del Cementerio de los Inocentes y ayudó a realizar algunas disecciones en las que también participó su compañero Miguel Servet. El estallido de la guerra entre Francisco I y Carlos V condujo de nuevo a Vesalio a Lovaina, donde permaneció por espacio de dos años (1536-1537). Allí le fue otorgado el grado de bachiller en medicina en 1537.

En Lovaina realizó disecciones y publicó su primera obra: Paraphrasis in nonum librum Rhazae ad Almansorem que se editó en Basilea (1537). En ella compara la terapéutica galénica con la árabe, inclinándose por la primera pero intentando salvar en lo posible la reputación de Rhazes. Marchó después a Italia. Pasó primero por Venecia, donde conoció a su futuro colaborador y discípulo de Tiziano Jan Stefan Calcar, y fue después a Padua, que era la ciudad universitaria de la República Véneta, para inscribirse en su escuela médica.

En Padua realizó su prueba doctoral el 5 de diciembre de 1537 y al día siguiente fue nombrado Explicator chirurgiae o profesor de cirugía con la responsabilidad de explicar cirugía y anatomía. A los pocos días ya había llamado la atención. ¿Por qué? Vesalio rompió con el método didáctico medieval: abandonó la cátedra para bajar y situarse junto al cadáver, disecando y mostrando por sí mismo la parte a la que la explicación se refería. Completaba además con dibujos lo que en el cadáver era difícil de observar. Esto, aunque hoy nos perezca raro, supuso un cambio importante; tanto que tuvo un gran éxito entre sus colegas docentes y entre los estudiantes. Tuvo que editar sus propios dibujos junto con otros que encargó a Calcar, porque le sustrajeron uno de los que usaba habitualmente y con el fin de proteger la autoría. Este fue el origen de las Tabulae anatomicae Sex (Venecia, 1538). Las tres láminas osteológicas son de Kalkar, las tres viscerales (hígado, porta y genitales; hígado y cava; corazón y aorta) son del propio Vesalio. Aunque sigue siendo galénico, el cambio que esto significó en la ilustración anatómica fue enorme. Hay que tener en cuenta que, aunque hoy resulte inaudito, los tratados de anatomía de entonces no solían contener ningún tipo de ilustraciones. Algunos suelen referirse a las láminas de Leonardo da Vinci, mucho más conocidas entre el público actual que las de Vesalio. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en ese momento las láminas permanecían inéditas.

En 1538 Vesalio publicó una revisión de las Instituciones Anatomicae de su maestro von Andernach, es decir, un manual de disección para sus estudiantes. En 1539 con el fin de aportar claridad a una polémica sobre la sangría en las afecciones neumónicas monolaterales, el médico de Carlos V, Nicolás Florena, encargó a Vesalio un exploración disectiva del sistema venoso endotorácico. Descubrió así la vena azigos mayor y su desembocadura en la vena cava superior (si seguimos la idea galénica de la circulación de la sangre sería el origen y no el final). Publicó los resultados ese mismo año (Epistola docens venam axillarem dextri cubiti in dolre laterali secandam) y también aceptó el encargo de la Giunta, una afamada casa editorial veneciana, para revisar la edición latina de varios escritos anatómicos de Galeno. Como se puede apreciar, nos encontramos con una de las características del Renacimiento: revisar y corregir. Concluyó el trabajo apenas un año después.

Todas estas actividades fueron muy apreciadas por el claustro de profesores y por los estudiantes. En el documento oficial que prorroga el nombramiento de Vesalio se dice claramente que “había suscitado gran admiración entre todos los estudiantes”.

El estrecho contacto con Galeno a través de sus obras, le llevó a darse cuenta de que dejaba traslucir en sus escritos su experiencia disectiva con monos. Al comprobar personalmente en las disecciones tantos errores, Vesalio abandonó hasta entonces al indiscutible Galeno de la enseñanza de la anatomía. El hecho causó cierto revuelo en el claustro de Papua, pero Vesalio se comprometió a escribir un nuevo tratado de anatomía. En 1542 ya estaba redactado su conocido De humani corporis fabrica libri septem. Unos días después también terminó el Epitome, una especie de Fabrica compendiada para uso de los estudiantes. El texto, al que se unieron trescientas planchas grabadas en madera por Calcar, salieron en mula hacia Basilea al taller de Juan Oporino. Poco después vieron la luz los primeros ejemplares. La Fabrica iba dedicada al emperador Carlos V y el Epitome al que después sería Felipe II. Vesalio tenía entonces 29 años. La obra originó una reacción airada de algunos galenistas. Uno de los que le atacó ferozmente fue su maestro parisino Jacobo Silvio quien le propinó calificativos como desvergonzado, impío, calumniador e ignorante.

Andrés Vesalio regresó a Padua, pero siguiendo la tradición familiar fue requerido por Carlos V para que formara parte de su servicio médico; por tanto, marchó a Bruselas. Allí se casó, ejerció la medicina y escribió. Publicó un opúsculo sobre el uso de la raíz de China o zarzaparrilla, donde aprovechó para defenderse de los que le atacaban por abandonar a Galeno. Mientras preparaba la segunda edición de la Fabrica (1555) también acompañaba al emperador en sus viajes; su función era la de médico “internista” y no la de cirujano.

Tras abdicar Carlos V en 1556 pasó al servicio de Felipe II traslandándose a Madrid en 1559. Su estancia no fue demasiado grata por un desgraciado acontecimiento con el infante, las relaciones con el resto de los médicos de la casa real y, quizás, por la ausencia de cadáveres para disección. Tuvo en España, sin embargo, ardientes defensores como Pedro Jimeno y Luis Collado, profesores en la Universidad de Valencia. Veamos el ilustrativo texto de Collado traducido al castellano por Luis García Ballester:

Defensa de la renovación del saber anatómico por Vesalio, frente a los ataques del galenista Silvio
No dudo, benévolo lector, que habrá algunos a quienes desagrade nuestro trabajo porque al responder a Silvio, en favor de Vesalio, le dirija, de vez en cuando, palabras injuriosas.
Clamarán que este varón, ilustre por su doctrina y grave por su edad, es indigno de que en nuestras explicaciones sea injuriado lo más mínimo. Sin embargo, esos hombres lo sé de seguro- admitirán de buena gana mi excusa con tal que quiera escucharla con ecuanimidad.
De todos es sabido que Andrés Vesalio causó admiración con la edición de los libros sobre la fábrica del cuerpo humano. ¿Quién no se admiraría de que un joven de veintiocho años, en la tremenda oscuridad de las cosas anatómicas, tuviera una tan rara habilidad en la disección de los cuerpos y un conocimiento tan profundo de la anatomía? Con lo cual sucedió que los más aplicados se vieron incitados al aprendizaje y ejercicio de la misma. El fue mi único maestro en el conocimiento de ella (lo confieso abiertamente), y cuanto pueda valer mi habilidad en la disección, a él, y no a otro, se lo debo.
Por lo que, al tener en cuenta su laboriosa entrega durante los años juveniles, al servicio de la disección, su eximia diligencia en indagar y desvelar la verdad, y leer las obras anatómicas de Jacobo Silvio en las que llama a Andrés Vesalio arrogante, desvergonzado, ignorante, impío, insolente, obstruidor de la verdad y de la naturaleza, el más maldiciente, calumniador y finalmente malvado, no puede evitar el que, al defender ardientemente a mi maestro Vesalio, me mostrara en ocasiones demasiado duro con Jacobo Silvio. Pues si un anciano, porque un joven que se esfuerza por trabajar en utilidad de todos disienta en algo de Hipócrates y de Galeno, en vez de avisarle como discípulo le ataca con impaciencia, ¿por qué hay que extrañarse si yo, conmovido por la indignidad de tal acción imito la libertad de hablar del anciano por no decir su licencia? Por lo cual, si ha alguien que lleve esto a mal, sepa que respondí y no que me adelanté a hablar. Pues soy tan admirador de Jacobo Silvio como el que más; en algún tiempo fui yo el único que cogí sus libro par a explicarlos públicamente en la escuela de Valencia.
Adiós, lector, y si amas la verdad procura no anteponer a ella la piedad.

CI Galeni Pergameni Liber de Ossibus.. Enarrationibus illustratus.
Trad. De Luis García Ballester (1962)

Estando en Madrid recibió unas Observationes anatomicae (Venise, Marco Antonio Ulmo et Gratioso Perchachino, 1561) redactadas por Falopio en Padua en las que incluía rectificaciones a la Fabrica. Vesalio le contestó pero su escrito no llegó a manos de Gabrielle Falopio, que murió prematuramente en octubre de 1562. El escrito quedó en manos del embajador y no pasó a la imprenta hasta 1564 cuando Vesalio pasó por Venecia camino de Tierra Santa. No llegó a verlo impreso ya que a su regreso enfermó y murió en la isla griega de Zante, junto al Peloponeso.

Ya hemos señalado aportaciones originales de Vesalio al conocimiento anatómico: cambiar el método didáctico, uso de ilustraciones, correcciones a Galeno, e incorporar nuevos hallazgos. A esto hay que añadir que Vesalio vio de otra manera la anatomía o al cuerpo humano, una forma nueva que podemos llamar renacentista.

En lo que se refiere a la idea descriptiva Vesalio pensó que debía seguir a Galeno: estudio de los músculos; venas, arterias y nervios; y vísceras. Sin embargo la concepción no es la misma exactamente. Para Vesalio los huesos eran el fundamento sustentador de un estabilidad arquitectónica, el sostén en el que se apoya un edificio entero. Por eso el término "Fabrica" equivale aquí a "edificio". Dedica el primer libro a los huesos y cartílagos; el segundo a los ligamentos y músculos; el tercero a las venas y arterias; el cuarto a los nervios; el quinto a los órganos de la nutrición y generación; el sexto al corazón y partes "que le auxilian" como los pulmones; finalmente el séptimo, al sistema nervioso central y a los órganos de los sentidos. Podemos verlo de esta forma: sistemas constructivos o edificativos (huesos, ligamentos y músculos); sistemas conectivos o unitivos (venas, arterias y nervios); sistemas impulsivos de la vida (órganos de la nutrición y la generación; corazón y órganos que le ayudan; cerebro y sentidos).

La idea descriptiva es híbrida en opinión de Laín: el cuerpo en los libros I y II se describe como una "edificación estática", potencialmente susceptible de movimiento local. Los libros V, VI y VII (órganos de las tres cavidades –natural, vital y animal) los estudia desde el punto de vista de los impulsos y las potencias (galénicamente entendidas) que le permiten moverse. La descripción anatómica de los órganos internos es original pero su conceptuación fisiológica -que sigue a Galeno- es, en parte, errónea. Los tres sistemas conectivos (libros III y IV) constituyen un lugar intermedio entre las partes arquitectónicas y las impulsivas del cuerpo.

En lo que se refiere a la idea descriptiva secundaria, es decir, la descripción de las partes singulares en cada libro, es como sigue: el de los sistemas edificativos o constructivos el orden es descendente, es decir, topográfico y espacial. Persiste la ordenación bizantina capite ad calcem pero desprovista del simbolismo que tuvo en la Edad Media. La descripción de las partes impulsivas es galénica, es decir, funcional. Los sistemas conectivos siguen una tendencia mixta.

La parte más brillante de la Fabrica es la que se refiere a la osteología. Se describe con detalle cada uno de los huesos. En la miología diferencia bien el ligamento del tendón, el nervio y el músculo, que hasta entonces era frecuente confundirlos. La parte dedicada a la angiología es bastante completa; niega rotundamente la existencia de la famosa rete mirabile. En cuanto a los nervios sigue clasificándolos en duros o motores y blandos o sensitivos. Niega la oquedad de los nervios de los sentidos y de forma especial la del nervio óptico.
Respecto a los órganos de la nutrición y generación sus descripciones de los genitales masculinos y femeninos suponen un avance. Describe bien el peritoneo y el estómago, pero desconoce otras estructuras como el páncreas. Habla por vez primera de la estructura interna del hígado.

En lo que se refiere a los órganos de la cavidad vital o torácica merece ser mencionada la descripción del corazón. Niega la existencia de los poros interventriculares pero su esquema de la circulación de la sangre sigue siendo galénica.

La descripción de los órganos de cavidad animal o craneal es cuidadosa. Destruye la concepción errónea de los tres ventrículos del cerebro, y señala la diferencia entre la sustancia gris y blanca del encéfalo entre otras cosas.

En definitiva, como señala muy acertadamente Laín, Vesalio no sólo enseñó más y mejor la anatomía, sino que también enseñó a hacerlo de otro modo, un modo totalmente renacentista. Vena de Vesalio: vena emisaria que pasa por el agujero de Vesalio.

Es casi imposible encontrar entre los historiadores de la medicina una opinión sobre Vesalio que no sea la que hemos expuesto. Sin embargo, en 1994, el catedrático ya jubilado de anatomía de la Universidad de Valencia (España), Juan José Barcia Goyanes (1901-2003), publicó el libro El mito de Vesalio. En éste expone la idea de que, en cuanto a contenido anatómico, Vesalio hizo poco por el avance de la anatomía. Para Barcia éste no sólo se limitó a descubrir los errores de Galeno sino que hizo de ellos toda la razón de ser de su investigación anatómica. Esta obra no es fruto de la especulación sino que su autor trata de demostrar lo dicho a través de sus doscientas cuarenta y una páginas. Hay que señalar que el profesor Barcia era conocedor, al menos, de las mismas lenguas clásicas que Vesalio y entre sus obras destaca la Onomatologia anatomica nova, una compilación de los términos anatómicos que aparecen en los textos clásicos griegos y latinos y su evolución a lo largo de la historia; alcanza ésta una extensión de diez volúmenes. Una cosa es cierta, este libro nos hace reflexionar y nos hace ver lo importante que es considerar la ciencia como un producto en cuya realización contribuyeron y contribuyen muchas personas.

Respecto a los epónimos que llevan el nombre de Vesalio, señalaremos estos:

"Agujero de Vesalio": Abertura en el lado interno del agujero oval del esfenoides. "Vena de Vesalio": Vena emisaria que pasa por el agujero de Vesalio. "Ligamento de Vesalio": ligamento, también conocido con el nombre de Poupart, o borde inferior de la aponeurosis del oblicuo mayor, desde la espina ilíaca anterosuperior a la espina del pubis.

José L. Fresquet. Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación (Universidad de Valencia-CSIC). Agosto, 2004.

Bibliografía

—Barcia Goyanes, J. J. El mito de Vesalio. Valencia: Universitat de València , 1994.

—Laín Entralgo, P. Historia de la medicina moderna y contemporánea. Madrid, Editorial Científico-médica, 1963.

—Marenco, G. Un antefatto: Andrea Vesalio, ovvero la rinascita della medicina attraverso l'anatomia, http://digilander.libero.it/moses/vesalio.html (consultado en agosto de 2004).

—O'Malley, C.D. Los saberes morfológicos en el renacimiento, En: P. Laín (dir), Historia Universal de la Medicina. Barcelona, Salvat, 1973, vol 4, pp. 43-85.

Obras de Vesalio

Paraphrasis in nonum librum Rhazae... ad regem Almansorem, de singularu[m] corporis partium affectuum curatione / autore Andrea Wesalio... Louanij: ex officina Rutgeri Rescij, 1537

Tabulae anatomicae sex. Venetiis, sumpt. J.S. Calcarensis, 1538.

De humani corporis fabrica libri septem. Basileae (ex off. Ioannis Oporini, 1543).

Suorum de humani corporis fabrica librorum epitome. Basileae (ex off. Oporini, 1543).

De humani corporis fabrica libri septem. Basileae, J. Oporini, 1555.

Andreae Vesalii Anatomicarum Gabrielis Fallopii obseruationum examen...
Publicac. Venetiis, apud Franciscum de Franciscis..., 1564

Pro magni, et illust. Terranovae Ducis fistula, ex levi axilla in thoracis concavum pervia... En: P. Ingrassia: Quaestio de purgatione per medicamentum, Venetiis, sumpt. A. Patessi, 1568