Joseph Bienaimé Caventou (1795-1877)

 

Caventou fue el claro ejemplo de científico que se dedicó de lleno a analizar productos naturales para extraer sus principios activos. Una buena parte de su carrera la hizo junto a Pelletier. Cuando hablamos de este último, dijimos que una de las etapas más productivas de la terapéutica farmacológica fue aquella en la que comenzaron a aislarse los principios activos de los productos naturales, especialmente los de origen vegetal. La química y la farmacia jugaron un papel fundamental mientras que la medicina debía explicar el porqué y el cómo actuaban estas nuevas sustancias sobre el organismo. Hubo errores, interpretaciones equivocadas y fracasos, pero las tres ramas de la ciencia implicadas fueron superando los escollos, se hallaron fármacos de gran utilidad y se construyeron explicaciones científicas de los fenómenos que se estudiaban [1].

G. Valette [2], al trazar la vida de Caventou, toma del químico Dumas la idea de que la búsqueda de principios activos estaba inspirada por Paracelso:

“Paracelse avait pressenti trois cents ans plus tôt en postulant l’existence dans tous les objets de la nature d’une matière essentielle ou quintessence. … Paracelse a en effet été l’instigateur de cette demarche de la chimie médicale dand laquelle on se propose d’écarter des matières médicamenteuses les substances inertes, pour ne s’attacher qu’aux substances actives, ou d’augmenter l’énergie de celles-ci en leur communiquant la solubilité qui leur manque”.

 

Joseph Bienaimé Caventou pertenecía a una familia de Poitou. Su abuelo era maestro calderero en Poitiers. Su padre ingresó en el servicio armado del país convirtiéndose en farmacéutico. Llegó, incluso, a ser miembro correspondiente de la Academia de Ciencias. Más tarde fue asignado al hospital militar de Saint Omer, la capital de Pas de Calais. Allí contrajo matrimonio y estableció su hogar, donde nació su hijo Joseph el 30 de junio de 1795 [3].

Después de seguir la educación primaria y los estudios que se podían realizar en Saint-Omer, Caventou estudió farmacia junto a su padre, quien decidió que debía completar su formación en París. Allí se alojó con un farmacéutico amigo de su padre y asistía a las clases de la Facultad de Ciencias y de la Escuela de Farmacia. En 1815 concursó para el internado y obtuvo el primer puesto. Sin embargo, se alistó como farmacéutico militar al regresar Napoleón de la isla de Elba. Dirigió el servicio farmacéutico de Zuyderzée, nombre de un departamento del Primer Imperio Francés en los actuales Países Bajos. El 18 de junio de 1815 tuvo lugar la batalla de Waterloo, actual ciudad de Bélgica, situada a pocos kilómetros de Bruselas, entre las tropas del emperador Napoleón Bonaparte y las tropas británicas, holandesas y alemanas. El imperio sucumbe y Caventou acaba enfermo en Waarden, Holanda. Allí ayudó a potabilizar el agua y a fabricar jabón. Después regresó a París para reanudar sus estudios [4].

Caventou volvió a presentarse al internado, aprobó y fue destinado al Hospital Saint-Antoine, a la farmacia del servicio de Jean-Baptiste Kapeler (1780-1852), donde encontró un laboratorio en el que pudo realizar experimentos de química orgánica. Fue con Kapeler con quien tradujo el Manuel des pharmaciens et des droguistes, ou traité des caracteres distinctifs, des altératoions et sophistications des médcicaments simples et composés… (Manual de los farmacéuticos y drogueros) (1821) de Ch. Ebermayer [5].

Para hacerse con algo de dinero aceptó publicar una Nouvelle Nomenclature Chimique (1816), una especie de diccionario en el que figuran los antiguos términos utilizados por los nuevos, lo que fue de gran utilidad en aquella época ya que llegó a alcanzar varias ediciones [6].

Durante el internado entró en contacto con Pierre Joseph Pelletier, establecido entonces en la farmacia de la rue Jacob que disponía de un excelente laboratorio. Ambos iniciaron una colaboración estrecha que duró hasta que Pelletier falleció en 1843 y que le proporcionó muchos éxitos y gran prestigio.

El primer trabajo que publicaron juntos fue Recherches sur l’action qu’exerce l’acide nitrique sur la matière nacrée des calculs biliaires humain [7] .

Animados por Magendie analizaron la nux vómica (S. nux vomica) y las habas de San Ignacio (Strychnos ignatii) [8]. La Strychnos nux vómica es un árbol natural de Indonesia que tiene un tronco encorvado, pequeño, grueso y la madera es granulada y duradera. El fruto, del tamaño de una manzana, tiene un cierto color anaranjado con una corteza dura; contiene cinco semillas, cubiertas de una sustancia como de lana suave. Estas semillas son la fuente de la estricnina.

La técnica utilizada se basaba en el uso de solventes orgánicos como el alcohol, el benceno y el éter para extraer principios activos de los vegetales. En este caso fue con el éter con el que obtuvieron cristales de estricnina que ellos pretendían llamarla en principio “vauquelina” en honor de Vauquelin. Magendie realizó el estudio fisiológico y tóxico de la sustancia en perros. Pensó en utilizar estas sustancias como estimulantes generales. De esta forma se prescribió durante mucho tiempo en forma de píldoras contra el desgaste muscular, enfermedades cardíacas, etc. Se trata de una sustancia muy tóxica a determinadas dosis que provoca convulsiones rápidas y violentas [8]. En Europa se ha utilizado como un veneno para matar a los roedores y depredadores pequeños. Desde 2006 está prohibido su uso en la Unión Europea. De las mismas plantas obtuvieron también la brucina, neurotoxina muy potente.

En 1817 Pelletier y Caventou lograron aislar un pigmento verde de las plantas, la clorofila, sustancia esencial en el proceso de la fotosíntesis [10]. En 1818 también publicaron Examen chimique de la cochenille et de sa matière colorante [11]. En estos momentos otros químicos también trataban de estudiar y extraer sustancias aunque los resultados diferían según los procedimientos utilizados.

En 1819 parece que el químico alemán Friedlieb Ferdinand Runge (1794-1867) obtuvo del café una sustancia que llamó Kaffein [12]. Algunos investigadores franceses por su cuenta también estaban ensayando la extracción de principios activos de la misma planta como el químico Pierre Robiquet (1780-1840). Pelletier contribuyó asimismo a la tarea ya que el café se consideraba entonces como un febrífugo suave. Según dice el propio Pelletier: “La découverte en est due à M. Robiquet, par suite de son analyse du café, lue en 1821 à la Société de pharmacie. A la même époque, M. Caventou et moi, san savoir connaissance du travail de M. Robiquet, nous trouvions aussi cette matière en recherchant si le café ne contiendrait pas de quinine ou une substance analogue, ce que l’on pouvait soupçonner, le café étant voisin du quinquina dans la méthode naturelle; M. Robiquet a bien voulu reconnaitre ce fait dans son mémoire” [13].

Uno de los logros más importantes de Pelletier y Caventou fue el hallazgo del principio activo de la quina o corteza del quino. Las propiedades antipalúdicas de la cinchona ya se conocían desde el siglo XVI. Fue una de las más importantes “nuevas medicinas” americanas que se introdujeron en Europa. Habitualmente circula la leyenda de que fue la condesa de Chinchón, esposa del virrey del Perú, la primera que se curó con los polvos de la corteza de quina y el inicio de su difusión. Tal como afirma López Piñero [14], esta explicación se aceptó hasta los estudios desarrollados por J. Rompel (1905), A. W. Haggis (1941) y J. Jaramillo-Arango (1951). Sin embargo, aunque aportaron mucha información, desconocieron las primeras publicaciones españolas dedicadas al uso terapéutico de la quina. Baste citar aquí los textos de Gaspar Caldera de Heredia (1591-1668), Gaspar Bravo de Sobremonte (1603-1683), y Pedro Miguel de Heredia (1579-1655).

Más tarde, ya en la etapa de la búsqueda de los principios activos, parece que el médico y botánico portugués Bernardino A. Gomes (1768-1823) aisló de la corteza de la quina unos cristales que llamó cinconio (cinchonino) en 1810 [15]. Los franceses Fourcroy y Seguin probaron suerte y obtuvieron prácticamente lo mismo. La sustancia no tenía efectos sobre la malaria. En 1917 Pelletier y Caventou comenzaron a investigar la corteza de la quina y obtuvieron al principio con sus procedimientos un polvo inactivo, pero siguieron insistiendo. En 1820 lograron un polvo pegajoso amarillento no cristalizable pero con gran eficacia contra la malaria. Le pusieron el nombre de quinina. En su trabajo “Des recherches chimiques sur les Quinquinas”[16] hablan de distintas sales y productos y distinguen la quinina de la cinconina. No quisieron sacar partido de su descubrimiento y no patentaron el procedimiento de obtención que sí publicaron.

Magendie investigó sus efectos en animales de experimentación y en personas. Rápidamente se comprobó su eficacia y la demanda creció extraordinariamente, especialmente de sulfato de quinina. Las compañías farmacéuticas obtuvieron buenos ingresos. Por este hallazgo se les concedió el premio Monthyon. La quinina se utilizó con eficacia hasta la década de los años veinte del siglo XX. Fue reemplazada por la cloroquina, menos tóxica y más eficaz. Sin embargo, cuando el Plasmodium falciparum desarrolló resistencia a la misma, resurgió de nuevo la quinina.

Veamos la estructura de su trabajo “Des recherches chimiques sur les Quinquinas” que refleja muy bien los estudios químicos completos de muchas plantas que se realizaban en este periodo:

“Introducción.– De la Cinconina.– Del sulfato de cinconina.– Del hidroclorato de…– Del nitrato de…– Del arseniato de…– Del acetato de…– Del oxalato de…– Del tartrao de…– Del Galato de…– Análisis de la quina gris.– De la materia colorante gris insoluble de la quina gris.– De la materia colorante roja soluble.– De la materia amarilla de la quina gris.– Del ácido quínico.– Del ácido piro-quínico.– Nuevo procedimiento para la extracción de la cinconina.– Examen químico de la quina amarilla (Cinchona cordifolia).– Extracción de la materia alcalina.– De la quinina.– Del sulfato de…–Del hidroclorato de…– Del nitrato de…– Del fosfato de…– Del acetato…– Del oxalato de…–Del tartrato de…– Del galato de…– Análisis de la quina amarilla.– Análisis particular de los principios constituyentes de la quina amarilla.– Examen químico de la quina roja (Cinchona oblonguifolia).– Extracción de la base salifiable de la quina roja.– Resultados comparados del análisis de las quinas gris, amarilla y roja.– Del principio activo de la quina”.

En un primer momento encontraron en todos los alcaloides que estaban aislando carbono, oxígeno e hidrógeno. Repetidos después los análisis en 1823 con el químico Jean-Baptiste Dumas, hallaron, además, el nitrógeno [17].

En 1820 Pelletier y Caventou aislaron de la cebadilla (Veratrum sabadilla) y del eléboro blanco (Veratrum álbum) la veratrina, otra sustancia neurotóxica [18]. Esta sustancia fue hallada también por la misma época por el austríaco Paul Traugott Meissner (1778-1864).

Magendie, reconociendo el hallazgo de Pelletier y Caventou así como de Meissner dice de este fármaco que:

“Como está sustancia produce los mismos efectos que las plantas de que se saca, se les puede sustituir con mucha utilidad ... Conviene hacer uso de la veratrina particularmente en los casos en que es necesario excitar prontamente fuertes evacuaciones alvinas; administrada con esta intención ha tenido muy buen éxito en algunos ancianos que tenian en el intestino grueso una acumulación enorme de materias fecales muy duras..”[19].

En 1821 Caventou abrió una farmacia en la rue Gaillon. En 1826 se le autorizó a impartir un curso de química orgánica, el primero que tuvo lugar en la capital de Francia en la Escuela Superior de Farmacia. Bergeron decía 1899 que por entonces la química orgánica todavía no tenía presencia importante “… en los últimos años del siglo XVIII, los trabajos de Scheele dieron a conocer un cierto número de ácidos orgánicos; años más tarde, Gay-Lussac (1811) y Berzélius (1814), introduciendo en la ciencia técnicas de análisis mejor definidas, más precisas, habían logrado proporcionar nuevas explicaciones, pero fueron los trabajos de Serturner, seguidos después por los de Pelletier y Caventou, y también por los de Chevreul, los que pusieron de manifiesto la necesidad de clasificarlos, de agruparlos y establecer analogías y de enseñar los más sofisticados análisis a los estudiantes…”[20]. Caventou estaba familiarizado con los procedimientos químicos de análisis de sustancias vegetales y animales y estaba al tanto de sus efectos fisiológicos por lo que estaba lo suficientemente preparado para asumir esa docencia y la que vendría después. En 1830 fue nombrado adjunto o asistente. En 1834 se le encargó que impartiera un curso de toxicología. Al año siguiente se le creó la cátedra de toxicología que ocupó hasta la jubilación (1860). Como adjunto le sucedió Henry-François Gaultier de Claubry (1792-1878) quien ocupó después la cátedra en 1859 [21].

En 1820 Caventou fue elegido miembro de la Academia de Medicina. Actuó como vicepresidente con Guillaume Ferrus (1784-1861) como presidente, pero dado el estado de salud de éste, fue Caventou quien ejerció realmente de presidente. Habiendo sido nombrado “chevalier de la Légion d’honeur” ahora fue promovido a “officier”.

Caventou se casó y tuvo un hijo y una hija. Ésta se casó con el médico Moutard-Marti. En 1860 pidió la autorización para jubilarse. Se le concedió con la condición de permanecer en el cuadro de profesores de la Escuela de Farmacia con el derecho a asistir a las reuniones del Consejo así como a los exámenes [22]. Abandonó los trabajos de laboratorio, pero asistía a las reuniones de la Academia y de otras sociedades científicas de las que era miembro. Pasaba parte del año en París y otra parte en una casa que poseía a las afueras a la entrada del bosque de Vicennes, en un chalet en Saint-Valéry-sur-Somme y en la villa de Saint-Omer donde se reencontraba con sus hermanas en la casa paterna.

También fue miembro de la Sociedad Médica de Emulación de París, miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de Burdeos, Miembro de la Sociedad Real de Arras, Miembro de la Sociedad de Emulación de Lieja, etc.

Tras sufrir una hemorragia cerebral severa n 1874, todavía vivió tres años más hasta que finalmente falleció el 5 de mayo de 1877.

En 1900 se hizo un homenaje a Pelletier y a Caventou y se inauguró un gran monumento en el boulevard Saint Michel el 7 de agosto a las 10 horas. El grupo en bronce fue esculpido por Édouard Lormier y Georges Lisch actuó como arquitecto. Se hizo por suscripción de todos los farmacéuticos franceses y de todo el mundo. La escultura representaba a las dos figuras vestidas con traje académico. Caventou muestra a Pelletier un recipiente que contiene su “precioso descubrimiento”. Al acto, que formaba parte del IX Congreso de Farmacia, asistieron numerosas personalidades académicas, profesores y estudiantes. Los discursos corrieron a cargo de Henri Moissan, del Instituto; Edmond Lepelletier, consejero municipal en representación de la villa de París; Guignard, director de la Escuela de Farmacia y representante de del Ministerio de Instrucción Pública; G. de Mazières, presidente de la Cámara sindical y de la Sociedad de previsión de los farmacéuticos del Sena; Rièthe, presidente de la Asociación de Farmacéuticos de Francia en nombre de los farmacéuticos franceses; y Cosme, estudiante de farmacia [23].

Desgraciadamente el monumento se destruyó para fundirlo entre 1942-44 durante el gobierno de Vichy. En 1948 se aprobó un decreto para reponerlo. Finalmente se inauguró el 2 de marzo de 1951. En esta ocasión, sin embargo, se sustituyó a las dos figuras por una alegoría de la curación de la fiebre.

José L. Fresquet Febrer, Universitat de València, noviembre, 2019

 

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Notas

[1]. Más información: Fresquet Febrer, J.L. (1989), Fournier, J. (2001), Laín Entralgo, P. (1973), Peset, J.L. (1973).
[2]. Valette, G. (1977), 334
[3]. Delépine, M. (1951), p. 455; Bergeron, J. (1899), pp. 2-4; Valette, G. (1977), pp. 333-334
[4]. Apotheose… (1900); Bergeron, J. (1899), pp. 2-4
[5]. Editado en París en dos vols. Chez J.-A. Brosson et J.-S. Chaudé
[6]. Caventou, J.B. (1816); Delépine, M. (1951), p. 455
[7]. Pelletier, P.J.; Caventou, (1817c)
[8]. Pelletier, P.J.; Caventou, J.B. (1818b)
[9]. Gratzer, W. (2017), p. 189
[10]. Pelletier, P.J.; Caventou, (1817b)
[11]. Pelletier, P.J.; Caventou, (1818a)
[12]. López, A. (2019) y Anft, B. (1955). A Runge algunos también le atribuyen el descubrimiento de la quinina un año antes que Pelletier-Caventou (Véase Womg, S. (2019)
[13]. Pelletier, P-J. (1826), p. 229.
[14]. López Piñero, J.M. (1992), pp. 9-11
[15]. Según Magendie hubo otros como Charles-Jean Laubert (1762-1834) y el ruso Rheuss que realizaron semejantes intentos pero no se pusieron de acuerdo sobre la sustancia con propiedades febrífugas. Véase Magendie (1826), p. 85. Véase B. A. Gomes (1811) y (1812)

[16]. Pelletier, P.J.; Caventou, J.B. (1820a).
[17]. Bowden, M.E.; Crow, A.B.; Sullivan, T. (2003), p. 3
[18]. Pelletier, P.J.; Caventou, J.B. (1920b)
[19]. Magendie, F. (1826), p. 119-120
[20].Bergeron, J. (1899), p. 21
[21]. Bergeron, J. (1899), pp. 4-5
[22]. Bergeron, J. (1899), p. 24